CREO

Creo en las casualidades, en los pálpitos y en las miradas que hablan. En los escalofríos, los microinfartos y los nudos en la garganta

Creo en la memoria de la piel, en los abrazos donde caben mundos, en lo que me hace sentir morir y en que, a veces, hay que cambiar de rumbo. En los errores repetidos, en no dejar de aprender, que las oportunidades vuelan y en todo lo que encierra un suspiro.

Creo en las personas y en la palabra, en los silencios que cuentan, en los cuentos que hacen historia y en las historias perfectas. En la magia y en la música, en quien cuida mi sonrisa, en el amor verdadero, en que el mejor camino no es una linea recta.

Creo en el pasado que enseña, en el presente que vive, en el futuro que sueña. En las verdades enteras, en que no se vive a medias, en atreverse a saltar, que no hay ilusión pequeña.

Creo en mirar a los ojos, en quien está aunque esté lejos, en lo bello y en lo que nos hace grandes, en que mientras nos sintamos niños no nos haremos viejos.

Y creo en mí, en ti y en nosotros; en esos para quienes soy importante y en las personas a las que quiero. Y que lo verdaderamente valioso, lo esencial y lo importante no se compra con dinero.

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ABRAZOS

Que paran el tiempo y hacen que desaparezca el mundo, quedan en el recuerdo y hacen que todo lo importante quepa en un segundo.

Abrazos que quizás un día nos hicieron caer a un infierno helado porque no eran cálidos ni sentidos ni reales; solo fríos y distantes, como se miran dos animales.

O esos que alejan el frío por muy invierno que sea, que hacen que cierres los ojos y sientas que te besan en la frente, te acarician el pelo y en pleno mes de enero se siente la primavera.

Abrazos que te recogen cuando has caído, que son el momento oportuno, el asustar al miedo, el faro en la tormenta, el final del partido.

El chocolate tras meses de dieta, el brillo de los ojos, el punto de encuentro, el creer en el destino, el lugar donde deshacer la maleta.

Abrazos que necesitamos, que nos hacen sentir, olvidar, sonreír; que son principio o final y siempre necesarios para vivir.

COBARDE

Por no hablar cuando el silencio está de más, gritar para deshacer el nudo de la garganta, seguir cuando era el momento de frenar.

Por guardar palabras que se pudren en el alma, por no decir que no, por cerrar los ojos para no ver lo que sabías, por esperar un milagro sin tan siquiera creer en Dios.

Cobarde por admitir en otros lo que no admites en ti, por temer expresar sentimientos, callar y dejar ir por orgullo y seguir dentro cuando y era hora de salir.

Por querer escribir a la fuerza un Érase una vez sobre un Y colorín colorado, por buscar excusas para no hacer, por no saltar en marcha, por dejar la partida a medias sin querer saber si has ganado.

Por disfrazar de sueño ese simple decorado que ya no se sostenía, por perder el tiempo que no regresa, por ver un Stop y empeñarte en que es la señal de Autopista.

Por guardar tequieros en el fondo de un cajón, por no hacer caso al instinto, no bailar sin música, no cambiar la letra de la canción.

Somos cobardes porque somos humanos, porque eso es la vida; porque se aprende y se rectifica. Y, una vez visto en qué hemos sido cobardes, llega el momento de cambiarlo por valentía.

SILENCIO

Es lo que se siente en el alma cuando duele, cuando no comprende, cuando aguanta la respiración, cuando se indigna. Silencio que respeta, que clama, que se pregunta aunque no quiere entender, que grita. Que no tiene miedo pero llora, que entiende la distancia pero abraza, que no quiere odiar pero le cuesta, al menos por ahora.

Porque nos puede pasar a cualquiera o a los que queremos. Y la vida se va en un segundo sin avisar, sin imaginarlo, sin tener culpa ni tiempo para reaccionar. Con tanto por hacer, por vivir, por amar; sin imaginar que puedes salir pero nunca regresar.

Es un cruce de caminos con quien odia, quien no valora la vida, quien no le importa morir y, mucho menos, matar. Con seres que no son humanos, que nos encuentran a su paso, da igual el momento o el lugar.

Y no todo es respetable ni asumible ni comprensible ni aceptable. Y ahora toca llorar y seguir viviendo con miedo o sin él pero ya no en silencio. No nos pueden callar.

UN NOSOTROS

Que arda pero no queme, que emocione pero no asuste, que haga nudos en la garganta, que cada día nos estrene.

Que calme pero no frene, que no necesite razones, que llegue sin anunciarse, que entienda sin preguntar, que no parezca lo mismo y no se vea el final.

Removido pero no agitado, que nos pille por sorpresa, algo de magia sin truco, todo un cocktail de emociones elevado al cuadrado que no incluya la pereza.

Un Nosotros fuera de carta, sugerencia del destino, delicioso, inapropiado, acompañado de un buen vino

El nosotros siempre al punto ni muy crudo ni pasado, de esos que siempre apetece como un cielo despejado. Que toque pero no hunda, un Nosotros que apasione, que ame, viva, desee y perdone; con futuro, en presente y en todas las estaciones

Uno que sea momentos, fabrique recuerdos y se quede en sonrisas. Un Nosotros para vivir sin prisas.

CUENTOS

De hadas y sirenas, de castillos encantados o encantadores de serpientes. De príncipes azules que nunca pasan del gris y ranas que no quieren ser besadas. De Cenicientas pidiendo un taxi porque se aburren en el baile o madrastras las que dio por limpiar, de casitas de chocolate para niños a dieta y brujas que no quieren cocinar.

O de Peterpanes que se hacen piratas, Wendies que se sueltan el pelo y Campanillas que se niegan a volar.

O, mejor, contamos el de aquel ladrón que se creyó Ali Babá, el gigante que se quedó enano o ese Pulgarcito que salió sin pan. O el del lobo vegetariano, la ratita que no se gustaba, una bella insomne o Aladino y su alfombra que se dedicaba a rodar.

Porque los cuentos comienzan y las historias no terminan. Y aunque los “Érase una vez” no acaben comiendo perdices, que al menos a ratos, a recuerdos y a sonrisas nos dejen momentos felices.

NO ES TARDE

No es tarde para querer, para creer, para aprender. No es tarde para sentir, para emocionarse, para desear, para vivir.

Ni es tarde para atreverse, para querer ser,  para poder, para quererse, para seguir. O para volver a soñar, soñar con poder, poder creer y creer de nuevo sin temer.

Nunca es tarde para nada cuando aparece quien enciende un sol donde había noche, quien hace sentir el verano en pleno mes de enero. Alguien que transforma el Puede ser en Sí, la indiferencia en sonrisa, el ruido en canción, una idea en un sueño; quien hace que sea real lo increíble, que nunca te sientas pequeño.

No es tarde cuando esa persona existe, llega a tu vida y, sin tocarte, te desviste; cuando está, cuenta y te hace creer.

No es tarde, no. Nunca lo es para volver a ser.