NO LO LLAMES AMOR

No es amor cuando duele, cuando controla, cuando ahoga, cuando amenaza. Ni cuando justifica, te culpa, asusta o ataca.

No es amor si levanta la mano, si baja tu autoestima, si trata de amarrar y no suelta, si fuerza, si grita pero no escucha, si desespera y angustia.

No hay amor cuando hay miedo ni cuando se aguanta. No se ama por costumbre ni porque toca ni porque crees que no vales; así solo se pierde el tiempo, la vida, la calma.

No soportes que te callen, que te asusten o amenacen, que te agredan; que te impidan vivir siendo tú, que te cambien tu sonrisa por tristeza, que te golpeen por dentro o por fuera. No soportes el maltrato de tu piel ni de tu alma, no justifiques ni te culpes ni te calles; hazte fuerte y sal de ahí sin pensar más aunque te cueste porque esa no es ya tu casa.

No lo llames amor cuando hiere, cuando encierra, cuando te grita. No lo llames amor cuando mata.

* Por todas las mujeres que sufren violencia de género y por las que han perdido la vida a manos de quien llamaba amor a lo contrario.

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PIEL

Como hogar, como entrada, como escudo o como abrigo aunque, a veces, te haga sentir desnudo.

Piel que habla, que pide, que da y que espera; que no olvida sino que graba y siempre tiene su memoria entera.

Ella entiende de sensaciones, va por libre, se eriza o se calma, se blinda o se ablanda pero no atiende a razones

Es camino de caricias y hogar de tantas cicatrices y es capaz de crear música al encontrar otra piel adecuada, consiguiendo mil matices.

Piel que no deja lugar a dudas, que explica cuando no encontramos la palabra, que nos envuelve y nos expone, que siempre guarda un abracadabra

Esa donde habitamos, la que tiene mucho de alma; la que, dependiendo con quién, arde o se hiela; la que es pasión, tormenta y calma

Piel como lienzo o folio en blanco donde dejar rastro de lo vivido. Como recuerdo de lo que fue, presagio de lo que será y para no olvidar lo que siempre ha sido.

CROMÁTICA

Hay días que empiezan en gris y el sol los va envolviendo en oro. Poco a poco, sin que te des cuenta, como aquel que muestra un tesoro.

Y sonrisas que logran dar color a una mirada perdida, que pintan otra sonrisa en segundos o transforman un negro punto y aparte en un brillante punto de partida.

He visto mil tormentas terminar en arcoíris y cielos azules pasar por toda la gama de gris en un segundo; otoños que no traen marrón sino rosa y atardeceres rojos que no parecían de este mundo.

He sentido tristeza en morado, indiferencia en blanco y pasión en azul turquesa. Alegría en amarillo, rabia envuelta en un verde, esperanza anaranjada y deseo en color fresa.

Y días en blanco y negro y noches a todo color; música coloreando el silencio y silencio tan transparente que no necesita color.

Tan solo hace falta mirarla, incluso cerrando los ojos. Porque cromática es la vida y así nos hace a nosotros. Pequeños, imperfectos y curiosos pero capaces de vivir en color, crear colores nuevos y hacerlo sentir a otros.

CREO

Creo en las casualidades, en los pálpitos y en las miradas que hablan. En los escalofríos, los microinfartos y los nudos en la garganta

Creo en la memoria de la piel, en los abrazos donde caben mundos, en lo que me hace sentir morir y en que, a veces, hay que cambiar de rumbo. En los errores repetidos, en no dejar de aprender, que las oportunidades vuelan y en todo lo que encierra un suspiro.

Creo en las personas y en la palabra, en los silencios que cuentan, en los cuentos que hacen historia y en las historias perfectas. En la magia y en la música, en quien cuida mi sonrisa, en el amor verdadero, en que el mejor camino no es una linea recta.

Creo en el pasado que enseña, en el presente que vive, en el futuro que sueña. En las verdades enteras, en que no se vive a medias, en atreverse a saltar, que no hay ilusión pequeña.

Creo en mirar a los ojos, en quien está aunque esté lejos, en lo bello y en lo que nos hace grandes, en que mientras nos sintamos niños no nos haremos viejos.

Y creo en mí, en ti y en nosotros; en esos para quienes soy importante y en las personas a las que quiero. Y que lo verdaderamente valioso, lo esencial y lo importante no se compra con dinero.

ABRAZOS

Que paran el tiempo y hacen que desaparezca el mundo, quedan en el recuerdo y hacen que todo lo importante quepa en un segundo.

Abrazos que quizás un día nos hicieron caer a un infierno helado porque no eran cálidos ni sentidos ni reales; solo fríos y distantes, como se miran dos animales.

O esos que alejan el frío por muy invierno que sea, que hacen que cierres los ojos y sientas que te besan en la frente, te acarician el pelo y en pleno mes de enero se siente la primavera.

Abrazos que te recogen cuando has caído, que son el momento oportuno, el asustar al miedo, el faro en la tormenta, el final del partido.

El chocolate tras meses de dieta, el brillo de los ojos, el punto de encuentro, el creer en el destino, el lugar donde deshacer la maleta.

Abrazos que necesitamos, que nos hacen sentir, olvidar, sonreír; que son principio o final y siempre necesarios para vivir.

COBARDE

Por no hablar cuando el silencio está de más, gritar para deshacer el nudo de la garganta, seguir cuando era el momento de frenar.

Por guardar palabras que se pudren en el alma, por no decir que no, por cerrar los ojos para no ver lo que sabías, por esperar un milagro sin tan siquiera creer en Dios.

Cobarde por admitir en otros lo que no admites en ti, por temer expresar sentimientos, callar y dejar ir por orgullo y seguir dentro cuando y era hora de salir.

Por querer escribir a la fuerza un Érase una vez sobre un Y colorín colorado, por buscar excusas para no hacer, por no saltar en marcha, por dejar la partida a medias sin querer saber si has ganado.

Por disfrazar de sueño ese simple decorado que ya no se sostenía, por perder el tiempo que no regresa, por ver un Stop y empeñarte en que es la señal de Autopista.

Por guardar tequieros en el fondo de un cajón, por no hacer caso al instinto, no bailar sin música, no cambiar la letra de la canción.

Somos cobardes porque somos humanos, porque eso es la vida; porque se aprende y se rectifica. Y, una vez visto en qué hemos sido cobardes, llega el momento de cambiarlo por valentía.

SILENCIO

Es lo que se siente en el alma cuando duele, cuando no comprende, cuando aguanta la respiración, cuando se indigna. Silencio que respeta, que clama, que se pregunta aunque no quiere entender, que grita. Que no tiene miedo pero llora, que entiende la distancia pero abraza, que no quiere odiar pero le cuesta, al menos por ahora.

Porque nos puede pasar a cualquiera o a los que queremos. Y la vida se va en un segundo sin avisar, sin imaginarlo, sin tener culpa ni tiempo para reaccionar. Con tanto por hacer, por vivir, por amar; sin imaginar que puedes salir pero nunca regresar.

Es un cruce de caminos con quien odia, quien no valora la vida, quien no le importa morir y, mucho menos, matar. Con seres que no son humanos, que nos encuentran a su paso, da igual el momento o el lugar.

Y no todo es respetable ni asumible ni comprensible ni aceptable. Y ahora toca llorar y seguir viviendo con miedo o sin él pero ya no en silencio. No nos pueden callar.