UN ABRAZO QUE ROMPA LOS MIEDOS

La vida es un viaje que empezamos siendo niños en ese mundo en el que nunca ocurre nada malo, donde todo puede ser posible, donde una toalla al cuello nos hace ser Superman, donde lo único que explota en la cara son globos de chicle.

Nuestro viaje comienza en caballos de madera, en alfombras voladoras, barcos pirata rumbo a islas del tesoro o en el palacio de la reina mora.

Todo es nuevo y posible, todo se puede conseguir y siempre hay un mañana que nos espera, una noche llena de sueños y mil razones por las que sonreír.

Continúa el viaje y vamos descubriendo que el camino tiene piedras, que tropezamos y caemos, que no siempre podemos volar en primera, que las fiestas se terminan, que queremos pero no podemos.

Vemos deseos cumplidos, lloramos ante la impotencia, somos veneno y antídoto, ganamos batallas y perdemos la paciencia.

Naufragamos y aprendemos a nadar, a vivir bajo mínimos, arriesgamos, perdemos y tememos el momento de volver a apostar.

Vivimos con el corazón roto y la vida a medio gas. Vivimos con prisa y miedo, con la cabeza en las nubes y los pies en el suelo, tratando de ser felices sin morir en el intento.

Eligiendo a cada paso, entre tempestades y calma, sintiendonos volar o arrastrando nuestros veintiún gramos de alma

Vivimos con ilusiones, aprendiendo en el camino, brindando por el futuro, arrepintiéndonos por lo que no nos atrevimos. Apostando todo a la felicidad mientras cruzamos los dedos y llega ese día en el que un abrazo nos rompe todos los miedos.

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BESOS

De los que empiezan sin rozar los labios y acaban acariciando el alma. De los que son inicio y destino, destierro y hogar.

Esos besos. Los que gritan y callan, otorgan y arrancan; los que excitan y amansan, los que dan sentido, los que nos quitan la calma; los que construyen sueños, nos hacen eternos o hacen que nos crezcan de nuevo las alas.

Besos que nos hacen poderosos o esclavos, besos divinos y humanos; los que nos hacen ser, confiar o perder; los que deseamos sujetar con las manos.

Besos de sal, de mar, de hielo, de caramelo, besos envenenados, besos tal cual. Los que rompen, los que crujen, los que nos hacen resucitar.

Besos en pasado y sin futuro, versos de besos con estrofas sin terminar; besos que se fueron sin más, otros que nos marcaron y algunos sin final. Besos con historia que se graban en la piel o historias de besos que es mejor olvidar.

Besos que siempre son el primero, o que nunca se repetirán, que nos hacen tocar el cielo o de esos que nunca se contarán. Besos que nos hacen sentir inmortales e infinitos y querer siempre más. Esos que susurran, que encajan, que emocionan, que se quedan, los que forman parte del recuerdo, los que siempre nos vuelven a besar.

NO LO LLAMES AMOR

No es amor cuando duele, cuando controla, cuando ahoga, cuando amenaza. Ni cuando justifica, te culpa, asusta o ataca.

No es amor si levanta la mano, si baja tu autoestima, si trata de amarrar y no suelta, si fuerza, si grita pero no escucha, si desespera y angustia.

No hay amor cuando hay miedo ni cuando se aguanta. No se ama por costumbre ni porque toca ni porque crees que no vales; así solo se pierde el tiempo, la vida, la calma.

No soportes que te callen, que te asusten o amenacen, que te agredan; que te impidan vivir siendo tú, que te cambien tu sonrisa por tristeza, que te golpeen por dentro o por fuera. No soportes el maltrato de tu piel ni de tu alma, no justifiques ni te culpes ni te calles; hazte fuerte y sal de ahí sin pensar más aunque te cueste porque esa no es ya tu casa.

No lo llames amor cuando hiere, cuando encierra, cuando te grita. No lo llames amor cuando mata.

* Por todas las mujeres que sufren violencia de género y por las que han perdido la vida a manos de quien llamaba amor a lo contrario.

PIEL

Como hogar, como entrada, como escudo o como abrigo aunque, a veces, te haga sentir desnudo.

Piel que habla, que pide, que da y que espera; que no olvida sino que graba y siempre tiene su memoria entera.

Ella entiende de sensaciones, va por libre, se eriza o se calma, se blinda o se ablanda pero no atiende a razones

Es camino de caricias y hogar de tantas cicatrices y es capaz de crear música al encontrar otra piel adecuada, consiguiendo mil matices.

Piel que no deja lugar a dudas, que explica cuando no encontramos la palabra, que nos envuelve y nos expone, que siempre guarda un abracadabra

Esa donde habitamos, la que tiene mucho de alma; la que, dependiendo con quién, arde o se hiela; la que es pasión, tormenta y calma

Piel como lienzo o folio en blanco donde dejar rastro de lo vivido. Como recuerdo de lo que fue, presagio de lo que será y para no olvidar lo que siempre ha sido.

CROMÁTICA

Hay días que empiezan en gris y el sol los va envolviendo en oro. Poco a poco, sin que te des cuenta, como aquel que muestra un tesoro.

Y sonrisas que logran dar color a una mirada perdida, que pintan otra sonrisa en segundos o transforman un negro punto y aparte en un brillante punto de partida.

He visto mil tormentas terminar en arcoíris y cielos azules pasar por toda la gama de gris en un segundo; otoños que no traen marrón sino rosa y atardeceres rojos que no parecían de este mundo.

He sentido tristeza en morado, indiferencia en blanco y pasión en azul turquesa. Alegría en amarillo, rabia envuelta en un verde, esperanza anaranjada y deseo en color fresa.

Y días en blanco y negro y noches a todo color; música coloreando el silencio y silencio tan transparente que no necesita color.

Tan solo hace falta mirarla, incluso cerrando los ojos. Porque cromática es la vida y así nos hace a nosotros. Pequeños, imperfectos y curiosos pero capaces de vivir en color, crear colores nuevos y hacerlo sentir a otros.

CREO

Creo en las casualidades, en los pálpitos y en las miradas que hablan. En los escalofríos, los microinfartos y los nudos en la garganta

Creo en la memoria de la piel, en los abrazos donde caben mundos, en lo que me hace sentir morir y en que, a veces, hay que cambiar de rumbo. En los errores repetidos, en no dejar de aprender, que las oportunidades vuelan y en todo lo que encierra un suspiro.

Creo en las personas y en la palabra, en los silencios que cuentan, en los cuentos que hacen historia y en las historias perfectas. En la magia y en la música, en quien cuida mi sonrisa, en el amor verdadero, en que el mejor camino no es una linea recta.

Creo en el pasado que enseña, en el presente que vive, en el futuro que sueña. En las verdades enteras, en que no se vive a medias, en atreverse a saltar, que no hay ilusión pequeña.

Creo en mirar a los ojos, en quien está aunque esté lejos, en lo bello y en lo que nos hace grandes, en que mientras nos sintamos niños no nos haremos viejos.

Y creo en mí, en ti y en nosotros; en esos para quienes soy importante y en las personas a las que quiero. Y que lo verdaderamente valioso, lo esencial y lo importante no se compra con dinero.

ABRAZOS

Que paran el tiempo y hacen que desaparezca el mundo, quedan en el recuerdo y hacen que todo lo importante quepa en un segundo.

Abrazos que quizás un día nos hicieron caer a un infierno helado porque no eran cálidos ni sentidos ni reales; solo fríos y distantes, como se miran dos animales.

O esos que alejan el frío por muy invierno que sea, que hacen que cierres los ojos y sientas que te besan en la frente, te acarician el pelo y en pleno mes de enero se siente la primavera.

Abrazos que te recogen cuando has caído, que son el momento oportuno, el asustar al miedo, el faro en la tormenta, el final del partido.

El chocolate tras meses de dieta, el brillo de los ojos, el punto de encuentro, el creer en el destino, el lugar donde deshacer la maleta.

Abrazos que necesitamos, que nos hacen sentir, olvidar, sonreír; que son principio o final y siempre necesarios para vivir.