MIS COSAS

Me gusta la tormenta, el sol tras las nubes, la luna de enero. El café cargado, la brisa ligera, tu mirada esperando. La carne poco hecha, la realidad al punto, los dobles sentidos, saber que te gusto.

La emoción desbordada, tu voz al oído, las sonrisas inevitables, mi piel erizada. Los tacones altos, las pasiones bajas, los labios pintados, tu mano en mi espalda. Provocarte risas, las noches en calma, las estrellas fugaces y poder sentir el alma.

Me gusta lo que brilla y todo eso que no amarga, el chocolate en cualquier forma, lo que emociona, hace sonreír y desarma.

La risa de un niño, la espuma en las olas, el sentirte cerca y saber que lo demás no importa. Recordar historias, vivir el presente, llorar de alegría, saber que se puede

Me gustan los perfumes, las tartas con sus velas, creer en la vida, hacer regalos, recibir sorpresas.Y me gusta haber encontrado las personas a las que quiero, agradecer mi suerte y saber que no todo está hecho. Porque la vida duele y destroza pero es única dando y cuando llega y sonríe, no hay más que darle la mano

EN EL FONDO

En el fondo todos buscamos nuestro camino, avanzar en la vida y hacer que merezca la pena, amar y ser amado cada uno a su manera. Sentirnos libres mientras vamos cambiando de jaula, ser nosotros mismos formando parte de otros, ir soltando lastre de esa mochila que cargamos a la espalda. Buscamos sentir que vivimos, lograr nuestra paz, tropezar poco y caer menos, los instantes de felicidad.

En el fondo todos tenemos una parte con la que no nos entendemos, sueños cumplidos y por cumplir,   amor para dar y tomar, personas que se quedaron en el camino y otras con las que siempre estaremos, quien nos hace felices y quien nos hizo llorar. Pretéritos pluscuamperfectos de subjuntivo no se hicieron presente, recuerdos para olvidar y para sonreír, ese alguien que aparece de la nada y trae la felicidad de repente.

En el fondo todos somos más de lo que puede parecer, tormenta y calma, valientes con miedos, creadores de ilusiones, niños obligados a crecer. Supervivientes natos, humanamente divinos, lo que queda tras el naufragio, amantes de quedarnos allí donde podemos ser. Eternamente aprendices, ángeles con pies de plomo, cielos plagados de estrellas, cuadros llenos de matices. Animales más o menos racionales, corazones que no se dan por vencidos, nuestro peor juez y mejor aliado, los lugares donde somos felices.

Somos lo que sacamos en claro de la vida, lo que nos hace sentir que vivir es más que respirar, eso poco que lo es todo y da sentido a cada día. Por eso es necesario agradecer, valorar y cuidar lo que queremos; porque si sentimos que hemos encontrado la felicidad, nuestra obligación es disfrutarla. Lo demás puede esperar.

NO ES TARDE

No es tarde para querer, para creer, para volver a casa, para aprender, para sentir, agradecer, emocionarse o desear. No es tarde para empezar o poner fin, para cambiar de camino, para no conformarse, para soltar.

Ni tampoco lo es para atreverse a ser uno mismo,  para poder, quererse o seguir o para volver a soñar, confiar de nuevo, O para dejarse de tonterías, valorar más el tiempo, entender lo que de verdad importa, no dudar en ser feliz,

Sientes que no es tarde cuando aparece quien trae el sol a tu vida y te hace sentir el verano en pleno mes de febrero. Quien transforma la duda en un sí, la indiferencia en sonrisa, el ruido en música, una idea en un sueño; quien hace que sea real lo increíble, que nunca te sientas pequeño.

Y a veces ocurre que esa persona existe. Aparece de la nada, llega a tu vida y encaja, sin tocarte te desviste. Hace que cambie la vida, que vuelvan los sueños, que suene la risa; que sea real lo que parecía mentira, que vuelva a latir bien fuerte el corazón y recuerdes el poder que da querer. No es tarde, no. Nunca lo es para volver a creer, a sentir, a ser.

ASIGNATURAS PENDIENTES

¿En qué momento alguien nos dijo que no podíamos y ni siquiera lo intentamos? ¿Cuándo empezamos a dejar sin abrir regalos de la vida porque pensábamos que no eran para nosotros? ¿Por qué empezamos a transitar por esos caminos marcados por otros que se alejaban del nuestro? ¿Cómo empezamos a dar por bueno lo que ni siquiera era aceptable? ¿Dónde nos enseñaron que respirar era vivir, dejar pasar el tiempo era avanzar y acostumbrarse era amar? ¿ Qué nos hizo pensar que la felicidad era un imposible, la mediocridad algo normal y que unos cuantos pocos eran mucho?

¿En qué momento nos convencimos de no ser suficiente? ¿A quién dimos el poder para hacernos sentir pequeños? ¿Cómo nos acostumbramos a aceptar en otros eso que nunca nos aceptaríamos a nosotros mismos? ¿Cuándo empezamos a permitir a nuestros miedos llevar las riendas de nuestra vida? ¿Por qué somos el juez más implacable con nosotros y tan permisivo con los demás? ¿Quién nos dijo que amar era renunciar, sufrir o aguantar? ¿Dónde aprendimos a confiar más en otros que en nosotros mismos? ¿Qué fue lo que nos hizo encogernos para entrar en otras vidas, aceptar sin aceptarnos o pagar platos que ni siquiera habíamos usado?

Vamos por la vida tratando de aprender, caminar sin demasiados tropiezos, dañar poco y querer mucho, intentar encajar. Queremos dejar huellas bonitas, ser importantes para quienes amamos y vivir además de respirar. Esperamos que nos quieran, nos acepten y nos valoren, que eso que es importante no se quiera marchar; luchamos hasta el final en batallas perdidas desde el principio y parece que no nos importa vacíarnos por dentro porque no nos cansamos de dar. Nos acostumbramos a pensar en muchas personas menos en la primera del singular, idolatramos el amor ajeno y descuidamos el propio, nos permitimos ver, pero no tocar.

Queremos enseñar, pero nos cuesta aceptar y aprender que quererse bien a uno mismo es el primer paso para la felicidad, ser querido y querer. Se trata de crear nuestro camino, aunque eso nos saque de otros, cerrar puertas, abrir mundos, ser y dejar ser. Pasar páginas o tirar libros, soltar lo que sobra, creer en uno mismo y ser valiente atreviéndonos a mirar a la cara a nuestras asignaturas pendientes.

LO QUE NOS UNE

No tiene cuerdas ni lazos ni deja señales molestas. No es reja, candado o cerradura con llave maestra ni funciona bajo amenaza. Y no se busca, te encuentra. Tampoco hace daño ni tira ni encierra o te ancla. No escuece, no impide ni corta ni te araña.
Lo que nos une libera, enseña, da alas, te hace creer, te alegra, te agranda. Cumple tus sueños, los crea nuevos, te hace más fuerte, te sonríe, te calma.

Te hace esperar y tener, poder salir aunque elijas quedarte. Deshacer maletas sabiendo que no hay fechas para entrar o marcharte ni obligación para estar. Que nadie te va a pedir más de lo que puedes dar.
Lo que nos une es eso que es real porque no puede ser controlado. Nos mantiene juntos sin querer, sin saber cómo, por qué y sin que tampoco importe entender, sino agradecer ese regalo inesperado.

Lo que nos une es pura magia sin truco, sin pega, dobles fondos, cartas marcadas o palomas en la chistera. Nos une porque no nos ata, es ser uno mismo sabiendo que hemos tenido esa fortuna tan escasa para reconocer a esas personas con las que nos sentimos en casa.

SUERTE

No es un décimo premiado ni una apuesta que gané. Ni encontrar un billete, desear algo muy fuerte, cruzar los dedos y contar hasta tres.

No es cantar bingo, tener pleno o Black jack. Ni la bola en la ruleta, la carta en la mesa o la tensión de esperar

La suerte no tiene números ni líneas ni resultados. No está en un casino, en un bombo o un boleto ni trae un dinero que puede ser malgastado.

Mi suerte son personas; esas que he ido encontrando o me han encontrado a mí. Las que llegaron a mi vida y entraron con su llave, esas que venían de visita y se quedaron a vivir. Las que me mostraron la parte de mí que no veía; esas que, pase lo que pase, siempre tienen un sí.

Y abrieron las ventanas para que entrara el sol, me hicieron mirar al espejo, tuve mi espacio en su vida y en la mía ya no hubo eco.

Y nada se fuerza, se rompe o no encaja, iluminan y hacen brillar. Y están aunque estén lejos, acarician sin tocar, parece que siempre estuvieron y saben ser además de estar.

Mi suerte siempre son personas, son regalos, son fortuna. Son quien me quiere tal cual, me respeta y me valora. Quien no necesita preguntar porque las palabras sobran, quien entiende una mirada, un silencio, quien se queda a tu lado cuando tú mismo te estorbas.Y sólo queda agradecer, cuidarlos y entender que eso es la suerte y no un número marcado en un papel

QUÉDATE

Quédate con quien provoca sonrisas al pasar por tu cabeza, con quien cumple sin necesidad de prometer, con quien nunca es opción no ser. Con quien cualquier idea es un buen plan, cualquier plan es posible, con quien no sea posible dejar de soñar.

Quédate con quien te trae de vuelta sensaciones increíbles que creías haber olvidado, quien te hace ser mejor, te respeta, te admira y hace que quede en simple anécdota eso en lo que creías haber fracasado.

Con quien te quita los miedos, disipa las dudas, te hace sentir libre y atreverte a todo; con quien no es solo suerte sino también fortuna. Quien hace que el tiempo cuente, que la vida fluya, que las palabras sobren, que lo imposible ocurra. Que sientas el sol en plena noche, que vuelvas a creer, que la vida sea fácil, que no haga falta entender Y la vida nos trae a estas personas y no las podemos perder.

Y cuando aparecen hay que mantenerlas cerca porque son las que hacen que la vida cambie, que mejore, que brillemos, que querer sea apasionarse, que apasionarse sea poder.

CREO

Creo en las casualidades, en los pálpitos y en las miradas que hablan. En los escalofríos, los microinfartos y los nudos en la garganta

Creo en la memoria de la piel, en los abrazos donde caben mundos, en lo que me hace sentir morir y en que, a veces, hay que cambiar de rumbo. En los errores repetidos, en no dejar de aprender, que las oportunidades vuelan y en todo lo que encierra un suspiro.

Creo en las personas y en la palabra, en los silencios que cuentan, en los cuentos que hacen historia y en las historias perfectas. En la magia y en la música, en quien cuida mi sonrisa, en el amor verdadero, en que el mejor camino no es una linea recta.

Creo en el pasado que enseña, en el presente que vive, en el futuro que sueña. En las verdades enteras, en que no se vive a medias, en atreverse a saltar, que no hay ilusión pequeña.

Creo en mirar a los ojos, en quien está aunque esté lejos, en lo bello y en lo que nos hace grandes, en que mientras nos sintamos niños no nos haremos viejos.Y creo en mí, en ti y en nosotros; en esos para quienes soy importante y en las personas a las que quiero. Y que lo verdaderamente valioso, lo esencial y lo importante no se compra con dinero.

CONTRADICCIÓN

Está dentro de nosotros y es parte de nuestra vida. Es lo que nos hace parar o seguir, acelerar o frenar, abrir la puerta de entrada o buscar desesperadamente la salida.

Nos hace odiar lo que un día amamos, dudar de lo que es sincero, ser abogado y verdugo, creer en nuestras mentiras, extrañar el infierno en el cielo. Buscar la jaula que nos haga libres, temer lo que siempre habíamos deseado, empeñarnos en ensuciar el silencio, encontrar la risa en lo que hace poco hemos llorado.

Somos dulcemente amargos, extrañamente normales, perfectamente imperfectos, vestido de noche hecho de retales. Desgraciadamente felices, absurdamente geniales, salvajemente humanos y eternamente aprendices Somos la bala y el chaleco, la realidad mentirosa, el grito que se asfixia; somos persona, animal o cosa. El tren para huir y el regreso a la estación, el barco encerrado en la botella, el placer en el dolor, dar pasos sin dejar huella. Somos pura contradicción.

LA DISTANCIA

Se puede estar lejos y estar justo al lado, que te separe un abismo de quien comparte tus días y que estés a mil kilómetros aunque aún no te hayas marchado. Y compartir casa, pero no alma y tiempo, pero no vida. Se puede vivir en mundos diferentes y no encontrar la salida aunque donde pasas tus días tan solo sean unos cuantos metros cuadrados.

Hay quienes duermen en la misma cama, pero no comparten sueño o encierran distancias infinitas en momentos de silencio; quienes se miran a los ojos y no se reconocen porque ya son otros y están muy lejos y lo que llegó a ser todo su mundo es ahora un cuarto muy pequeño.

Pero también hay quien estando lejos se hace sentir muy cerca y no hay distancia que pueda evitarlo, quien está aunque no esté porque tiene su sitio a tu lado. Son esas personas con las que los kilómetros se quedan en nada, las que llegaron al corazón y se quedaron, fortuna con forma humana.

Creamos distancias a base de miedos, costumbre, malos entendidos, silencios y tiempo, sentimientos confundidos. Nos hacen perder lo que alguna vez creimos tener, hacen que se diluya lo que sentimos tierra firme, que naufrague lo que era insumergible, son las que se interponen entre el querer y el poder.

Distancias que se pueden reducir queriendo, dejándose de tonterías, atreviéndose a mirar, a escucharse, a perdonar, a dar el paso que falta, a ser y también estar. Y si son demasiado grandes, entender que hay que soltar. Porque, al final, la vida es acercarse a quien nos hace vivir y alejarse de quien no nos deja soñar.