HOOLIGANS

Decía Rousseau que todas las pasiones son buenas cuando uno es dueño de ellas y todas son malas cuando nos esclavizan.

Hasta hace poco tiempo las personas nos gustaban o no por sus valores o su simpatía; por su belleza interior o su sentido del humor; por su forma de ver la vida o por su carácter y no nos gustaban por las mismas razones en negativo. Ahora, la ideología política es, para algunas personas, motivo único y suficiente de insulto y rechazo sin querer saber nada más del otro. Para esas personas, el que no piensa igual es el enemigo, lo peor, alguien de quien no quieren saber nada e, incluso, odian sin haber cruzado una palabra o visto en su vida. La diferencia ideológica es motivo de juicio, sentencia y escarnio público. Es una pena. Se ha conseguido que funcione el “divide y vencerás”. Unos pocos, cuyos verdaderos intereses nada tienen que ver con los ideales sino más bien con asuntos mucho más terrenales, se dedican a señalar a su supuesto enemigo para que otros descarguen toda su furia en él. Tiran la piedra y no solo esconden la mano sino que se mantienen al margen para que sean otros los que reciban las pedradas que puedan venir de vuelta. Venden sus guerras personales como si fueran mundiales y hacen de su ambición personal una falsa historia en la que consiguen que se crean reyes y reinas quienes no pasan de ser peones con anteojeras que no ven más allá de sus narices.

Han sido listos, no se puede negar. Por medio de diferentes tácticas han logrado que la pasión supere a la razón en esas personas, han logrado motivar su corazón antes que su cabeza. Y eso hace que ese tipo de personas sea tan difícil de convencer, tan difícil quitar esa venda de sus ojos mientras reaccionan como autómatas ante el estímulo de la ideología contraria. Rechazo, odio, insulto, ataque. Pensar, no. Tener criterio, tampoco. Escuchar o leer posturas diferentes, ¿para qué?. Han sabido apasionar, da igual si el motivo es real o no, han sabido hacer que esas personas sean esclavas de sus pasiones mientras sienten que son libres, han sabido crear hooligans para su causa. La ideología es lo de menos.

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FEMENINA SINGULAR

Últimamente me llama la atención ver a mujeres dando doctrina de cómo tienen que ser las demás, dictando las normas a cumplir para conseguir el carnet de mujer y criticando hasta el insulto a las que no comulgan con su verdad absoluta.

Creo que se confunden términos, se prejuzga mucho, se escucha poco, sobra prepotencia y falta respeto. Y yo leo a estas mujeres con una mezcla de asombro, incredulidad, algo de lástima y ese maravilloso pasotismo que dan los años porque hasta hace relativamente poco tiempo, no había visto esta radicalización en la sociedad en general y entre mujeres en particular.

Veo que hay quien confunde feminismo con odio al hombre, presuponiéndolo depredador y dañino. Se califica de machistas a las mujeres que ponen en tela de juicio algunos de sus dogmas y se presenta un tipo de mujer con lenguaje soez, actitud vulgar e, incluso, agresiva, carente de educación y formas y poco preocupada por su aspecto físico pero sí por criticar el ajeno, como adalid de esta idea de feminismo.

Yo respeto a las mujeres, las defiendo y las admiro. Creo en la igualdad y la exijo cuando entiendo que no se produce. Y también me considero afortunada por no haber sufrido situaciones de acoso por un hombre, puede que porque los hombres que han pasado por mi vida no fueron o sean de ese tipo que parece abundar tanto. Curiosamente, sí ha habido mujeres que me han juzgado por mi aspecto físico sin conocerme, como a tantas otras, porque me gusta gustarme, ir arreglada, maquillarme y llevar tacón. Porque me gusta el reflejo que me devuelve el espejo, me gusta ser mujer, no del tipo de un anuncio de compresas sino con lo bueno y malo que conlleva. Me gusta disfrutar de ser mujer y femenina sin juzgar a las que no son como yo, para eso está el criterio. Porque se puede defender la igualdad subida en unos tacones, llevar un vestido precioso sin ser una mujer florero, clamar por la justicia con los labios rojos, valorar la educación y los detalles en un hombre y dejar que pague la cena sin ser machista y sentirte bien viéndote guapa sin ser superficial.

Y porque quien critica a las demás por no seguir su doctrina no sabe las batallas que hay que librar para ser femenina y singular sin desfallecer en el intento.

VENDER EL ALMA AL DIABLO

En estos tiempos que no sé si corren, se desesperan o esperan tiempos mejores, parece que hay que conseguir una perfección que no existe; hay que seguir una corriente aunque te arrastre, una ideología por moda y no por convicción y llevar vestido largo porque se lleva aunque parezca un champiñón.

Se supone que tener más de cuarenta es ser viejo, que la arruga no es bella ni siquiera en la ropa, que formar parte del rebaño te hace fuerte y perder la atención es un tiro a quemarropa.

Se busca el aquí y ahora, el like en la foto, se alaban palabras vacías y se admira a quien grita mucho y sabe poco.

Se olvida lo que se tiene mientras no se sabe bien lo que se desea, se siguen caminos marcados, se defienden a muerte ideas ajenas y lo que importa es quedar bien en la foto aunque no sepas de qué va la verbena.

Tiempos en los que muchos venderían su alma al diablo por un puñado de aplausos vacíos, por contar por miles los amigos falsos, por un cuerpo perfecto que envuelve un interior mediocre, por estar en lugares donde te crees más solo porque te hacen caso.

Tiempos de envidias y falsas apariencias, de miedo a estar solo y poco interés en conocerse. De creer que gente es compañía, noche y música es una fiesta y una sonrisa es alegría. De miedo al qué dirán sin escuchar lo que uno mismo dice, de hablar sin pensar, pensar sin reflexionar y dejar que una situación que crea infelicidad se eternice.

Pero el diablo tiene arrugas, alguno más de cuarenta, está de vuelta de todo, tiene miles de almas repetidas y no se confirma con cualquiera.

Por eso vale la pena cuidar nuestra alma; que sea única y elegante, que no quiera ser comprendida por cualquiera. Porque el cuerpo cambia, las modas aburren, los falsos amigos vuelan y la melena se lleva hoy rubia y mañana morena.

Y el alma debe volar libre sin importarle lo más mínimo lo que se lleva. Que valga tanto que no tenga precio y que ni el mismo diablo pueda comprarla por mucho que ofrezca.

TIC-TAC

‘Hasta mañana’, ‘voy a pensarlo y te digo’, ‘nos vemos pronto’… Son expresiones tan habituales que no siquiera nos paramos a pensar que pueden no ocurrir nunca.

Damos por hecho que después de hoy viene mañana y luego pasado mañana, el mes que viene y el año próximo. Supongo que venimos configurados de serie para sentirnos eternos y sin fecha de caducidad hasta que la vida nos muestra que esa persona a la que vimos ayer, hoy no está ni estará mañana ni pasado mañana ni el mes que viene. Entonces, nuestra cabeza se resetea y la vida pasa, de ser un mañana infinito a un hoy con vistas.

Recuerdo perfectamente el día en que mi cabeza hizo su particular reset. Fue a los dieciséis años, en el colegio. Las ventanas de mi clase daban al Paseo de Eduardo Dato, donde solía haber bastante tráfico. De repente escuchamos un frenazo y un golpe y fuimos corriendo a asomarnos a las ventanas. Había una moto tirada en el asfalto con su rueda delantera bajo un coche. El motorista estaba en el suelo, inmóvil y sin casco. Y no era mucho mayor que yo. Enseguida salieron unos médicos de la Clínica Cisne que estaba justo al lado y se arrodillaron junto al joven. Entonces, la profesora nos ordenó volver a nuestro pupitre pero desde el mío, que estaba junto a una de las ventanas, pude ver cómo llegaba la policía y cubrían el cuerpo de ese joven con una manta metalizada. Recuerdo perfectamente que pensé que ese chico se habría despedido de su madre con un “hasta luego”, tendría planes para el fin de semana con sus amigos, próximas celebraciones con su familia, planes por realizar… Y ahora ya no estaba ni iba a estar nunca más.

Ese hecho, que a muchos puede parecer poco importante, cambió mi forma de ver la vida y entendí que no era ese apacible lugar en el que nunca ocurre nada malo donde yo vivía.

Y no se trata de vivir como si no hubiera un mañana sino que casa mañana que tenga la suerte de vivir sea uno que valga la pena.

Tratemos de no dejar por cumplir las ilusiones que tenemos al alcance de la mano y no dejar de crear otras nuevas, vivamos nuestra vida en libertad sin coartar la de otros, soñemos a lo grande sin olvidar disfrutar lo pequeño, no demos por supuesto el futuro y aprendamos del pasado. Digamos “te quiero” sin miedo y temamos a no sentirnos vivos, apostemos todo a lo que nos haga felices y brindemos por mil motivos.

Que no se queden vestidos por estrenar esperando la ocasión oportuna ni canciones por bailar porque no sepamos el paso.

Porque el tic-tac inapelable de la vida pasando existe aunque apenas lo escuchemos por estar acostumbrados a sentirlo desde que nacemos. Como dice una querida amiga, solo tenemos tiempo, lo demás va y viene. Y como digo yo, lo que no se vive, se muere y hasta te va matando un poco.

POESÍA

Iba a hablar de sonetos y serventesios, de redondillas y cuartetos, de artes mayores y desastres menores, de rima asonante en los pares y dejar en libertad los impares.

Iba a hablar de métrica, de ritmo, de rima y de versos, de aquello que parece que conforma la poesía. Esa poesía que yo creía que era hasta que supe que había otra. Esa que sale del alma, que rasga, que grita, que invade, que abrasa. Esa que no sabes que existe hasta que te inunda y casi te ahoga, te empuja y casi te aplasta, te sujeta y casi te asfixia.

La que no pregunta, la que va por libre, la que se impone y no escucha ni razona ni se modera. La que es descarada e irreverente, independiente e inconexa. Esa que no entiende de horas o relojes, de noches o de insomnios. La que entra sin avisar por puertas que no existían, la que desata tormentas en segundos, la que enseña que en un infierno puede haber armonía.

Poesía que explota por dentro, que siempre lleva el arma cargada. Poesía que aunque no rime, besa; que aunque no verse, excita, que se escapa por los poros y escribe con su propia tinta.

Poesía que engrandece y que asusta, que enseña y olvida, que acaricia y golpea, que provoca lágrimas y después las limpia. Poesía que se convertirá en eterna o sólo durará medio día.

SOMOS

Somos lo que podemos, lo que queremos, lo que vimos imposible y eso en lo que creemos. Lo que dejamos atrás, lo que se quedó en otros, lo que no somos capaces de dejar y eso que solo conoceremos nosotros.

Somos lo que otros dejan en nuestra vida, lo que fuimos y nos avergüenza, lo que nos negamos a ver, la apuesta ganadora o el final de una partida. Lo que nos atrevemos a ser, lo que no seremos nunca, eso que desearíamos perder, lo que se siente y no se entiende, lo que no tiene precio y lo que nos asusta.

Principios y finales, piedra y camino, historias o simples cuentos, momentos inolvidables, mares de lágrimas, risas a cientos. Somos la oportunidad que aprovechamos y la que dejamos pasar, el apostar a todo o nada, a rojo o negro, a par o impar.

Somos lo que callamos y lo que sabemos cómo decir, el lado más oscuro, fuertes cuando nos sentimos morir, lo que dijimos que nunca, lo que mantendremos siempre, el pasado en el espejo y lo que nos queda por vivir.

UN ABRAZO QUE ROMPA LOS MIEDOS

La vida es un viaje que empezamos siendo niños en ese mundo en el que nunca ocurre nada malo, donde todo puede ser posible, donde una toalla al cuello nos hace ser Superman, donde lo único que explota en la cara son globos de chicle.

Nuestro viaje comienza en caballos de madera, en alfombras voladoras, barcos pirata rumbo a islas del tesoro o en el palacio de la reina mora.

Todo es nuevo y posible, todo se puede conseguir y siempre hay un mañana que nos espera, una noche llena de sueños y mil razones por las que sonreír.

Continúa el viaje y vamos descubriendo que el camino tiene piedras, que tropezamos y caemos, que no siempre podemos volar en primera, que las fiestas se terminan, que queremos pero no podemos.

Vemos deseos cumplidos, lloramos ante la impotencia, somos veneno y antídoto, ganamos batallas y perdemos la paciencia.

Naufragamos y aprendemos a nadar, a vivir bajo mínimos, arriesgamos, perdemos y tememos el momento de volver a apostar.

Vivimos con el corazón roto y la vida a medio gas. Vivimos con prisa y miedo, con la cabeza en las nubes y los pies en el suelo, tratando de ser felices sin morir en el intento.

Eligiendo a cada paso, entre tempestades y calma, sintiendonos volar o arrastrando nuestros veintiún gramos de alma

Vivimos con ilusiones, aprendiendo en el camino, brindando por el futuro, arrepintiéndonos por lo que no nos atrevimos. Apostando todo a la felicidad mientras cruzamos los dedos y llega ese día en el que un abrazo nos rompe todos los miedos.