¿HUIR O VIVIR?

Llega ese momento en el que quieres parar el reloj, cerrar los ojos, que no corra el tiempo. Sentarte al borde del precipicio, mirar al vacío y no pensar; tan solo sentir el viento.

Ese momento en el que de un camino salen dos: uno que asusta pero emociona y el otro que es más de lo vivido. Cuando tu cabeza quiere el fácil y el corazón te pide un cambio de sentido.

Momento de decisiones, de plantar cara al mismo miedo, de dudar hasta de quién somos, de llorar ante el espejo.

Tiempo de ver el pasado y pensar en futuro, de enfrentarse a uno mismo, de conformarse y perder o cerrar los ojos, contar hasta tres, respirar hondo y saltar sl abismo.

Momento de decisiones, de sentir la oportunidad al alcance de la mano y, a la vez, morir de miedo; en el que la primera reacción es correr, no mirar atrás, querer salir de este enredo.

Lucha de corazón y cabeza, de miedos e ilusiones, de pasado y de futuro. Lucha para decidir eso que se resume en huir o vivir.

VALIENTES

No necesitan llevar armas ni ganar batallas o tirar a dar. Ni no tener miedo, dar todo por bueno o pensar solo en arriesgar.

No es valiente quien no teme sino quien lo hace aunque sea temblando. Ni quien actúa sin pensar sino quien, aún sabiendo que perderá, respeta sus principios y sigue caminando.

Valiente es quien ama y arriesga, quien tiende la mano, quien mantiene su palabra, quien no mira hacia otro lado.

Quien es y también está, quien se cala hasta los huesos por pasar contigo las tormentas, quien permanece cuando los demás se van, quien te da la mano y no duda en saltar.

Es valiente la oveja negra que no quiere ser borrego, quien da la cara y dice la verdad, quien no se esconde, quien no se deja llevar; quien aprendió a perdonarse y darse otra oportunidad.

Quien secó sus lágrimas y miró hacia arriba, quien tocó fondo y dejó de cavar, quien se sintió morir y respiró, quien aprendió a perdonar.

No es valiente quien gana sino quien no le asusta no ganar.

PARA ELLA

Por tus noches en vela, tus caricias en mi pelo, tu paciencia infinita. Tu sonrisa aunque duela, tus temores callados, tu silencio que grita.

Por mi infancia feliz, por los recuerdos que me has regalado. Por los cuentos y las canciones, los juegos y cumpleaños, los paseos por Madrid, todo lo que, sin querer, me has enseñado.

Por soportar mis malos ratos, mis malos días, mis malos años. Y secar mis lágrimas con besos, aguantar lo inaguantable, tratar de hacerme entender que el mundo no es tan extraño.

Por callar cuando morías por hablar, respetar decisiones, no entrar en conflictos, saber esperar. Y recogerme al caer, sentir que no pasa nada, que todo al final tiene arreglo, que ya es agua pasada.

Demostrarme lo que es amor, no moverte de tu sitio, ser honesta, ser leal y darme siempre la oportunidad para volver sl principio.

Por estar siempre y quererme aunque a veces no me entiendas. Por ser única y especial y dar sin pedir cuentas

Gracias por todo, gracias por tanto, lo vivido y lo que queda. Hoy y cada uno del año…y seguro que lo mejor nos espera.

CARRETERAS INFINITAS

He conocido caminos que se cerraban antes de llegar a ellos y tenían un cartel de Prohibido pasar. Otros llenos de piedras, ramas y espinas, de esos difíciles y engañosos; esos que, cuando menos te lo esperas, te hacen sangrar 

O caminos de sol y arena, esos que me llevaron directa al mar; esos que me broncearon la piel, me acariciaron y me hicieron sentir sirena.

He seguido caminos sin brújula, mapa ni planes; con prisa y sin destino, sintiéndome capaz de desafiar cien huracanes.

Y caminos que acababan en abismo, los que hacen decidir si todo o nada, si cara o cruz, si salto o freno, si entrega o egoísmo.

También he recorrido autopistas de peaje caras, lisas y aburridas. Y carreteras de montaña frías, complicadas y a las que siempre busqué una salida.

Y, al final, me doy cuenta…son las personas las que hacen los caminos. Por eso, desde hace tiempo, quiero caminos con vida, personas con alma, con luz; de esas que, a poco que te lo permitas, te enseñan caminos nuevos, únicos, emocionantes y carreteras infinitas.

UNO MÁS

Una vela más en la tarta, un número que cambia al final. Trescientos sesenta y cinco días cumplidos y otros tantos que irán pasando para hacer este año real.

Son deseos cumplidos, otros por inventar, sorpresas inesperadas y momentos que siempre voy a recordar. Risas y canciones,sentimientos y personas, nudos en la garganta, reencuentros y emociones.

Caricias y tropiezos, soñar y tener que ver, asumir y desear, entender que lo que de verdad está no se puede perder.

Un año más en la vida, otro que queda atrás cumplido, un nuevo punto de partida. Un año que quiero llenar de palabras y sentimientos, de momentos y emociones, de sueños al abrir los ojos, de vivir lo que no creí, de risas y de canciones. De compartir y querer, de ir consiguiendo metas, de vivir y agradecer, no dejar de sorprenderme, de aprender y de nunca quedarme quieta.

Y quiero agradeceros el hacerme crear, el leer y compartir; el hacer sentir, el comentar, el emocionarme y que tenga sentido escribir 

Gracias a todos por estar.

LAS ESTRELLAS ESTÁN EN SU LUGAR

Hay cielos oscuros que amenazan tormenta. Cielos que arden, se desploman, dibujan arcoiris, dan forma a las nubes; cielos que, al tratar de rozarlos, queman.

Hay momentos de vivir sin cielo, sin refugio ni protección. Esos en los que la vida pasa y pesa, sin querer y sin poder, con ruido y sin música y haciendo inalcanzable el siguiente escalón. Esos en los que llamamos luz a una vela, futuro a dentro de un rato, vivir a seguir respirando, esperar a dejar de pedir y lo más a lo que podemos aspirar es a lo que siempre nos pareció barato 

Momentos que no cuentan ni contamos; de frío en agosto, de noches sin luna, de negro en el cielo, de sonrisa ninguna. De sueños que no cumplimos, de cumplir penas pendientes, de pagar las consecuencias, de no entender lo que sientes. De mirar siempre hacia el suelo, de no cuidar el presente, de no esperar ni querer, de frenar y apretar los dientes.

Y ocurre en un momento, sin aviso ni pistas, cuando ya casi todo vale. Aparece alguien que parece que ya estaba, que llega a tu vida y abre con llave. Que encaja sin fuerza, que ocupa su sitio, que reconforta, que sabe 

Alguien que te acaricia el pelo, que trae la calma y todo está bien, que te pone una sonrisa y te hace volver a sentir esos veintiún gramos de alma.

Alguien que hace que levantes la cabeza, mires al cielo y solo tengas que observar que ahora las estrellas están en su lugar 

Realidad

A veces da miedo o vértigo o, simplemente, acelera el corazón. O provoca una sonrisa o dos o mil y entra en tu vida a traición. Y te hace imaginar, sentir, desear, pensar que se puede, que no hay imposible, que está en nuestras manos. Que no es tan extraño, que parece que ya lo hemos soñado o puede que lo hayamos estado esperando durante años.

Y resulta que un día aparece eso que ya no imaginábamos. Eso que no entra en los planes, que nos rompe los esquemas; eso que no vemos como propio, eso que a otros ocurre y a nosotros nunca llega.

Eso que hace sentir de nuevo lo que teníamos olvidado o guardado en un rincón. Lo que emociona, estremece, hace volver a creer, eso que no necesita razón.

Y, sí, a veces da miedo pero más miedo da no vivirlo y no permitirse sentir. Eso sí deberíamos prohibirlo.

Porque hay que perseguir sueños pero, cuando el sueño es realidad, hay que acariciarlo, hay que cuidarlo y vivirlo. Hay que creer que es verdad.