Colorín, colorado.

Recuerdas…hubo un tiempo en el que nuestras miradas aprendieron a hablarse. Tímidamente primero y con toda la naturalidad y el descaro después. Aprendieron a sonreír y a explicar, a pedir y a negar. Aprendieron a expresar lo que no existía en algunas palabras y a multiplicar por mil el significado de otras.

Hubo un tiempo en el que nuestras bocas aprendieron a rozarse, a besarse, aprendieron a susurrar deseos y sensaciones y a recorrer la piel aumentando la temperatura y provocando gemidos a su paso.

También hubo un tiempo en el que nuestra piel aprendió a reconocerse, aprendió a intuir, a hablar, a pedir, a erizarse incluso antes del más mínimo contacto. Aprendió a disfrutar de caricias, a arder y a enfriarse, a perlarse de sudor, a responder y a provocar.

Existió ese tiempo en el que nuestras palabras, nuestros gestos, nuestros momentos, nuestros miedos y nuestros silencios se buscaban, quizás se necesitaban porque se entendían, porque no hacía falta más. Porque había minutos eternos, sentimientos imponentes sin nombre, calor bajo la lluvia, temporales  que terminaban en llamas. Ese tiempo en el que éramos tú, yo y el mundo que quedaba tan lejos de nosotros, tan ajeno, tan poco importante…

Era ese tiempo en el que la vida parecía un cuento, una historia que íbamos narrando a nuestro antojo, páginas en blanco que escribíamos, borrábamos, inventábamos, tachábamos y reescribíamos hasta llegar a romper el papel. Teníamos el privilegio de crear pero también de destruir. Y el papel, cuando se rompe, no se arregla. La tinta, cuando se emborrona, no deja distinguir lo que hay escrito debajo. Las anotaciones al margen dejan de tener validez, ya no tienen el significado original, no hacen falta.

Y algo falla y en un momento me mientes…lo sé. Tu mirada no es la misma, se enturbia. Recuerda que te conozco, que mi mirada conoce a la tuya, que sé cuándo no dice lo que hay, cuándo oculta, cuándo se blinda. Sé cuándo tus ojos contradicen a tu boca. Y la situación cambia, sin traumas, comenzamos a sentirnos extraños. Sé que los cuentos se pueden alargar cuando los escribe uno mismo, sé que se pueden añadir capítulos y situaciones pero no hay por qué hacerlo.

Termina de mentirme esta noche, vamos a finalizar el capítulo en esta página que ya está tan llena de tachones…mañana no vas a poder hacerlo porque será cuando escriba la última frase. Y, mira, no me voy a complicar, me vale la que suele usarse tan a menudo…Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s