Dar la talla

La treinta y cuatro, la treinta y seis, la treinta y ocho, la cuarenta, cuarenta y dos, cuarenta y cuatro… aparte de ser números pares son tallas. Esas tallas que parece nos encasillan, nos marcan, y dependiendo de las que, según parece últimamente, se es más o menos mujer.

Es cierto que vivimos en un mundo muy influenciado por la imagen y que los cánones de belleza nos muestran una mujer delgada, a la que le sienta bien cualquier tipo de ropa que se ponga. Pero está claro que  una cosa es el tipo de mujer que se lleva y otra es el tipo de mujer que cada una seamos. No todas las mujeres pueden estar delgadas (ni, seguramente, muchas lo quieran), ni tener unas piernas kilométricas o un rostro precioso. Y no por ello son menos mujeres, ni muchísimo menos. Y me parecería una crueldad que se hubieran sentido menospreciadas por tener kilos de más o un aspecto que no se ajusta al canon establecido. No es justo, no lo es.

Pienso que cada mujer tiene que sentirse a gusto con su cuerpo, con su aspecto personal, exceptuando los casos en los que, por enfermedad o algo similar, eso es imposible. Es cierto que estar delgada supone un sacrificio, en cuanto a no comer todo los que nos gusta en la cantidad que desearíamos y hacer algo de ejercicio para mantenerse, que no todas las mujeres están dispuestas a realizar. Es una decisión personal que cada una tomamos dependiendo de cómo nos vayamos a sentir mejor.

Hay campañas publicitarias en las que se muestra a mujeres que se salen del canon de belleza por demasiado delgadas, por tener kilos de más, ser bajitas o por alguna otra característica, como mujeres reales. Lo que no entiendo es por qué se dudaba de que lo eran. Tan reales e importantes y maravillosas como el resto. La talla no te hace irreal. No te hace peor, ni menos mujer, ni nada por el estilo. No se trata de a más talla, menos mujer, o algo así.

Pero también he observado que, últimamente, se está criticando a las mujeres que desean tener un cuerpo acorde a su gusto, acorde a un canon de belleza en el que desean estar, y se sacrifican en determinadas cosas por usar una talla en la que se sientan bien. Se las tilda de superficiales, vacías o mujeres objeto. Y eso tampoco es justo. También son mujeres reales. Tampoco es a menos talla, menos cerebro. Sentirse a gusto con una misma no es fácil, no solamente por el físico sino también por la forma de ser. Y tan respetable es querer tener un aspecto o tener otro. Las mujeres a las que les preocupa su físico no son tontas ni tienen falta de neuronas ni de conversación, ni de encanto, ni de inteligencia, ni de inquietudes o cultura. Pero sí pueden generar envidias sin darse cuenta. Son mujeres a las que les gusta gustarse y gustar. Pero gustarse ante todo. Y se gustan así. No tiene nada de malo. Una talla pequeña no tiene que aprisionar tampoco en un prejuicio.

Como en tantas otras cosas…falta respeto y sobra osadía a la hora de criticar sin saber, sin pensar. Qué pena que las mujeres, en lugar de admirarse, de desearse lo mejor, se dediquen muchas veces a despellejar a las que no son como ellas, a criticar y a hacer daño. Y, en ocasiones, se transparenta una envidia que no comprendo. Respeto, por favor, que la talla sea de ropa y no humana.

Sabéis…yo uso una talla treinta y seis y voy al gimnasio porque creo que es necesario para la salud además de para mantenerse en forma. Me gusta la moda, los zapatos de tacón, me gusta arreglarme. Me gusta gustarme y gustar porque me hace sentir bien. Pero, además, soy madre, trabajo, llevo una casa, me gusta el arte, pienso, tengo inquietudes y vida interior, tengo opinión y la defiendo, escucho y trato de aprender, escribo, leo…y más. Y, como yo, muchas mujeres. Y más de una persona que me ha prejuzgado por el físico, ha tenido que reconocer su equivocación al conocerme.

Las tallas para la ropa, no para el cerebro.

 

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2 comentarios en “Dar la talla

  1. Empecé a leer este post y me dije: mas de lo mismo… Ya tenia la respuesta preparada. Pero, no sin sorpresa, me encuentro con el mismo argumento que esgrimo cada vez que se toca el tema de la mujer real. Y es, que las delgadas también lo somos. Como tú soy mujer, madre, profesional, me gusta gustar y gustarme. Y llevo una 36. Y qué?

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