Sombras

Camino despacio. A esas horas solamente se escucha el sonido de mis tacones por la calle. Miro al suelo y ahí está…ella nunca me falla. Mi sombra…siempre al sol, siempre pegada a mis pies pero sin dejarse pisar, con mi forma pero diferente… Es esa otra parte de mí que se queda pegada al suelo y es capaz de atravesar obstáculos, que es plana, sin volumen. Y siempre oscura e imposible de separar de mis pies. Aunque me mueva rápido, aunque intente despistarla dando un salto. Imposible. Ella siempre viene conmigo, es parte de mí aunque la mayor parte del tiempo no repare en ella.

Esa oscura, alargada y adopta mi misma forma, es la sombra exterior. Pero dentro, muy dentro en ocasiones, tengo mis sombras interiores. Esas que me hacen ser como soy, que me completan. Esas que van surgiendo a lo largo de la vida y se van quedando dentro, encontrando su espacio, pasando a formar parte de lo más íntimo y sagrado, de mi esencia. Aspectos de mi forma de ser, del modo de actuar, épocas vividas, experiencias, actitudes, aspectos profundamente íntimos y personales, eso que no me hace sentir orgullosa, sensaciones, deseos…tantas y tantas cosas que pueden ir conformando mis sombras… Esas que nos hacen más interesantes, esas que acaban de darnos forma…que, como en los cuadros, nos proporcionan profundidad y volumen, que nos hacen comprender el cuadro en plenitud. Esas sombras que, en ocasiones, nos oscurecen y nos impiden ver con claridad, nos tapan cielos que realmente existen y amenazan tormentas. Pero son nuestras, ya están en nosotros y no para avergonzarnos de ellas sino para mejorarnos. Porque no se pueden borrar, esas sombras no se disipan. Se necesitan…yo las necesito porque forman esa parte de mí que me hace reflexionar, superarme, recordar y aprender. Esa parte que me hace sonreír al sorprenderme de mí misma y romper a llorar en un rincón porque me asusta la tormenta que se ha desatado en mi alma.

No existe la luz completa. Deslumbraría y no nos dejaría ver. Distorsionaría todo lo que tuviera alrededor, tanto colores como formas. En luz completa no hay volumen, no hay movimiento ni profundidad. Todo es plano, irreal. La sombra es necesaria para que la luz tenga sentido, para que tenga atractivo, para que tenga vida. Por eso, yo me siento bien con mis sombras, son mi esencia, son las que necesitan unirse a mi luz para darme sentido, para hacerme real. Y desconfío de las personas que únicamente quieren proyectar luz. No son reales porque intentan ocultar su sombra. Por eso, intentan deslumbrar directamente a los ojos…para que no seamos capaces de ver más allá de esa luz que nos ciega. Detrás hay falsedad y la debilidad y poca valía de alguien que no se respeta ni se quiere a sí mismo y pretende la admiración fácil de otros por medio de un brillo falso que dura lo que tardan en gastarse las pilas baratas con las que funciona.

Sombras que tienen su lugar, que necesitamos, que somos también nosotros, que seguirán apareciendo a lo largo de los años y que no debemos temer. Al fin y al cabo, siempre estarán pegadas a nuestro alma…no podemos darles esquinazo.

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