Click

Los ojos que tenía enfrente eran los tuyos. Aparentemente nada fuera de lo normal, aunque desde el principio la sensación no era la normal.  Al poco rato sonó un click. Sé que tú también lo escuchaste…creo que fue tan evidente que casi pudo escucharlo cualquiera que hubiera pasado a nuestro lado en ese momento. Nuestras miradas habían encajado de tal forma que nos dimos cuenta los dos a la vez. Nuestros labios hablaban de unas cosas mientras nuestros ojos tenían su propia conversación, completamente alejada de las palabras. Se estaban reconociendo, sabían que había algo especial que había surgido sin querer, sin esperarlo, que algo había encajado aunque todavía no supiéramos lo que era…tampoco hacía falta.

Otro día fueron nuestros labios los que se acercaron. Despacio, cortando ese aire que había entre ellos, cerrando los ojos, vibrando primero y rozándose después…y todo volvió a encajar. Nos sentíamos en terreno conocido pero emocionante, excitante, a la vez nuevo. No sé si ese click fue cuando unimos nuestros labios, cuando nos volvimos a mirar a los ojos, cuando nuestras lenguas se encontraron, cuando repetimos el beso una vez y otra…y seguimos besándonos como si lo hubiéramos hecho toda la vida, como si nuestros labios no se hubieran encontrado hace tan solo un rato por primera vez.

Y nuestras manos encajaron . Y mis dedos al perfilar tus labios…y los tuyos al perfilar mi rostro. Y tus manos al quitarme la ropa…y las mías al desabrochar tu camisa mientras te miraba a los ojos. Y tus caricias sobre mi piel. Y tus labios resbalando por mi cuello. Y mis labios sobre tu pecho. Y mis caricias que encajaban a la perfección con tu piel erizada, con tus ojos cerrados, con tu respiración agitada. Click. Era magia.

Y nuestros cuerpos encajaron sin buscarlo, se acoplaron a las formas, disfrutaron las curvas, descubrieron caminos, dibujaron los mapas. Encajaron en el sudor de la piel, el corazón desbocado, el deseo en estado sólido, el placer de disfrutarse, de reconocerse aunque se unieran por primera vez. Encajaron en los susurros, en los gemidos, en saber lo que demandaba la piel, en anticiparse…Click.

Y encajó el abrazo. Ese que es a la vez fortaleza y palacio, ese que protege y libera, que nos hace sentirnos seguros en el suelo pero nos provoca la sensación de volar, ese que nos hace sentir en casa y nos reconforta, nos reconcilia, nos calma, nos hace creer y nos hace sentir vulnerables. Ese abrazo en el que nosotros nos estrechamos hasta oír ese click. Y lo supimos…ya lo sabíamos: encajaba.

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