Consumir con moderación

Miré por la ventana…diluviaba. Pegué la palma de mi mano en el cristal y pude sentir cómo subía su temperatura, exactamente igual que había empezado a subir la de mi piel cuando sus manos comenzaron a acariciarla , despacio, sin dejar un solo poro por recorrer, un solo centímetro por explorar. Tomé un mechón de mi pelo y lo enrosqué sobre el dedo índice. Miraba a un punto indeterminado del exterior y no pensaba en nada concreto, solamente escuchaba mi respiración.

Giré la cabeza…ahí estaba. Tumbado sobre la cama, cubierto por parte de la sábana y mirándome con esa expresión tan suya, mezcla de deseo y diversión. Me acerqué a la cama, le besé y le dije que tenía que irme. Me cogió y me dio la vuelta, quedé por debajo de él, tomó mi cara entre sus manos y me besó apasionadamente, mientras cogía mis muňecas y las sujetaba por encima de mi cabeza. Sus labios empezaban a bajar por mi cuello, su lengua ardía y me hacía arder…mi respiración se aceleraba, mi espalda se arqueaba y ya se me escapaba algún gemido…así era casi imposible no perder la cabeza pero no podía quedarme más tiempo. Tomé el abrigo del perchero y me lo puse, cogí el bolso y eché un último vistazo en el espejo de la entrada. Todo en orden. Pasé la mano por mi pelo, le lancé un beso y salí. Llamé al ascensor y descendió hasta la planta baja con ese sonido suyo tan característico y casi imperceptible , como una especie de silbido

Salí del portal. La lluvia arreciaba, por lo que fui corriendo hasta la entrada del parking en el que había dejado el coche. Entregué el ticket al cajero y le pagué los doce euros con veinte que marcaba la máquina. El sonido de mis tacones casi hacía eco en la segunda planta del parking, que estaba prácticamente vacía. Llegué al coche, que lanzó unos destellos rojos cuando accioné el mando para desbloquear las puertas. Me senté y puse la calefacción …ese día yo había ido a casa de E para explicarle que no íbamos a vernos más, al menos en un lugar que no fuera público, por esa cuestión de que cada uno teníamos nuestra vida, nuestras familias…había que moderarse. Y había ocurrido lo de siempre, no sé de qué me extraňaba si lo que empezaba siendo un roce de labios terminaba, inevitablemente, en una auténtica tormenta con entrada directa a ese maravilloso infierno que era su cama.

Lo había pensado muchas veces, tenía que solucionar ese tema, no podía seguir así. No podía desearle de ese modo, que el me deseara igual y tener que guardar las apariencias, ser moderados. Y otra vez, como siempre, no le había dicho nada. Salí del coche, cerré con el mando, saqué un nuevo ticket y corrí bajo la lluvia hasta llegar a su casa…de hoy no pasaba. Subí en el ascensor y llamé a su puerta. Abrió y me miró sonriendo.
– “Has olvidado algo?”, preguntó.
– “Si”, respondí. “Dejarte claro que, a partir de ahora, moderación cero”.

Tiró de mi y me sujetó contra la puerta. Me quitó el abrigo y lo tiró al suelo mientras comenzaba a besarme en el cuello y yo empezaba a vislumbrar la entrada al infierno.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s