Maquíllate…

Suena el despertador…cinco minutitos más, por favor. Salgo de la cama con los ojos casi pegados, entro al cuarto de baño y abro el grifo de la ducha. El sonido del agua me va despertando y despierto del todo cuando dejo que caiga sobre mi. Que empape mi pelo, que resbale por mi piel…me gusta el agua muy caliente y el vapor que se genera alrededor. Me lavo el pelo, froto suavemente mi piel con la esponja y ese gel que huele maravillosamente y me quedo sintiendo el agua caer sobre mi cabeza. Me aclaro, cierro el grifo y salgo. Me seco, extiendo la loción hidratante en mi piel y rodeo mi cuerpo con una toalla. Con otra, seco mi pelo y la dejo como un turbante en la cabeza.

Salgo a la habitación y abro el armario. Como cada día, no sé qué ponerme. Creo que necesito ropa pero lo que no sé es dónde colocarla. El armario y todos los cajones de la habitación están llenos. Habrá que hacer limpieza, sí…deshacerme de cosas que ya no uso o no me gustan para dejar sitio a las nuevas. Bueno, vamos a ver…un vestido, unas medias y esos tacones que, aunque altísimos, domino a la perfección y son un filtro perfecto para que los superficiales se queden en las piernas y no vean más allá. Eso me gusta…algo tan sencillo como un tacón puede ser un primer filtro para las personas. Es triste pero hay algunas que no tienen talla más allá de los doce centímetros de un tacón ajeno. En fin…

Entro de nuevo al cuarto de baño y me miro en el espejo. Me miro a los ojos y respiro hondo. Están tristes. Como la mayoría de mañanas en los últimos tiempos. Extiendo suavemente una crema en mi cara y me detengo en las ojeras. No duermo bien, eso también se nota en esa sombra ligeramente oscura bajo los ojos y en la piel apagada. Que esté no significa que otros tengan que verlo y pensar si me pasa algo. Y tampoco significa que las personas que me importan tengan que sufrir pensando que yo lo hago. No. Saco una caja de sombras y comienzo el ritual de todas las mañanas…Maquíllate. Ese maquillaje fantástico que hace que mi piel se vea descansada. Sombra, perfilador y máscara de pestañas que hacen que mis ojos brillen y parezcan hasta alegres. Las ojeras se corrigen fácilmente…listo. Colorete para alegrar la piel y carmín. Rojo, por supuesto. Las palabras que salen de labios rojos tienen otro carácter. Maquíllate, que no se note por fuera la tormenta de dentro. Que no se escuchen los truenos, que la lluvia no empape tus ojos de lágrimas. Maquíllate ahora, ya habrá tiempo de quitarlo todo al volver a casa.

Y, de nuevo, habrá quien no pasará el filtro del maquillaje. Se quedará en el exterior…en los ojos brillantes y los labios rojos. Bien. No todo el mundo puede acercarse a una tormenta ajena y a algunos les mantiene alejados, simplemente, el carmín rojo en unos labios. Perfecto.

Me miro al espejo de nuevo. No parezco la misma que entró en la ducha hace un rato.  Ahora soy la que tienen que ver en este momento. La que muy pocos verán de verdad a través del maquillaje.

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