El alma.

Cuando era pequeña pensaba que el alma era algo pequeño, un poco con forma de nube, transparente y un poco rosa, que estaba flotando en una zona indeterminada de mi interior pero cerca del corazón. Creía que, cuando me emocionaba y tenía ganas de llorar con esa sensación de agobio interior en la que me faltaba la respiración, era porque el alma se había hecho más grande y ocupaba más espacio. Se hacía más grande o más pequeña dependiendo de lo que me ocurriera. Cuanto más grande notaba el alma, era porque la situación era mas emocionante, más de sentimientos. Cuando no ocurría nada resaltable, mi alma estaba tranquila flotando rosada y feliz junto al corazón. En aquellos años, el alma era para mí algo real, algo de cuya existencia no tenía ninguna duda. Hasta sabía perfectamente el aspecto que debía tener…lo tenía muy claro.

Después, llegaron unos años en los que creo que olvidé que tenía alma. Fue esa época de adolescencia y de cambios. De pensar poco y sentir mucho. De muchas risas y poca seriedad. De lágrimas por desengaños, chicos y sentimientos que no sabía gestionar. De sonrisas sin saber por qué, de pensamientos y cabeza en las nubes… Estaba demasiado entretenida conociendo la vida, a mí y sorprendiéndome con cientos de cosas como para pensar en aquella nubecita transparente y un poco rosa que se supone que estaba flotando muy cerca del corazón.

Un día volví a sentirla en mi interior. Fue en aquél momento en el que, por primera vez, sentí la pérdida de alguien muy querido. Fue un “crack” seco que no me dejaba llorar. Tampoco pensar. Y supe que se había roto, que se había quebrado por algún lado. Y supe que ya no era de ese color transparente y un poco rosa porque ese “crack” sonaba a gris. Y supe también que nunca volvería a ser la misma.

Desde aquel momento noté de nuevo en mí eso que yo conocía como alma, aunque algo había cambiado.  Ya no era esa nube pequeña, sino algo más grande porque tiene muchas cosas que sentir, tiene mucho más trabajo ahora que cuando era una niña. Ahora siente, ama, se conmueve, se rebela, se enfada y amenaza con no dejarme respirar, me advierte, se hincha, se hace escuchar, se queda en silencio, se rompe en mayor o menor medida…pero siempre aguanta el temporal. Es fuerte, es la que nos hace fuertes, es nuestra energía…eso sí, con un nombre precioso… Alma.

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