Ya me cansé

De esperar la aprobación de otros.

De tener miedo por no ser lo que se esperaba.

De ser quien siempre mantenía el contacto.

De lo políticamente correcto.

De los juicios de quien, con toda seguridad, habría sido condenado.

De ser efecto y no causa.

De ser la última en quien pensaba.

De no encontrar salidas por haber perdido las ganas de buscar.

De sobrevivir sin más.

De intentar encajar.

De ni siquiera atreverme a brillar.

De acostumbrarme.

De no ser feliz, de permitir que desaparecieran las ganas de intentarlo.

De no sentirme deseada.

De dudar de todo, de dudar de mí.

De olvidar hasta el sonido de mi risa.

De no conocerme. De no gustarme.

De no aprovechar lo que la vida ofrece.

De pensar demasiado, de justificar, de querer comprender.

De estar con quien no me aporta humanamente.

De convencionalismos.

Ya no quiero más…

Ya me cansé…

Y llega un día en el que los ojos se abren. Y no te reconoces. Y no te gusta tu vida. Ni en lo que te estás convirtiendo.Y miras tu reloj y ves que el tiempo no espera. La vida tampoco. Y tú, tampoco tienes a lo que esperar. Y necesitas cambiar. Rehacerte. Gustarte. Sentirte. A tu modo. Da igual el resto. Ahora eres tú. Y eres egoísta contigo…todo lo que no lo has sido en años. Y da miedo, claro. Pero respiras. Hondo. Y tiemblas. Como un flan. Y tienes miedo, como siempre que se inicia una etapa. O más. Pero da igual. Ahora sí. Ahora eres tú. Y se puede. Y se debe. Sin pensarlo demasiado para no flaquear. Y sale bien. Adelante…

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

Magia

Buscamos el truco, el abracadabra, el as en la manga, el doble fondo en la caja, el fuego que no quema o la baraja marcada pero nunca pensamos que en algunas cosas puede no haber truco.

No he visto truco en la magia del nacimiento de un hijo, en ese momento en el que ves su rostro por primera vez, cuando tomas esa manita diminuta entre las tuyas y cae sobre ellas una lágrima de felicidad. Magia es lo que se siente al mirarlo cuando duerme, al acariciar esa piel suave, al reconocer rasgos propios en él. Magia es ese sentimiento animal, ese saber que matarías por el, que le protegerás siempre. No hay truco.

Hay magia al amar. Cuando sentimos que todo es posible, en esos momentos en que nos sentimos dioses porque el mundo puede caber en una de nuestras manos. Cuando el NO no es una opción, cuando vemos el mundo tan diferente que parece otro, simplemente porque existe la persona amada. Vivimos una realidad irreal tan intensa, que es puro sentimiento. Pura magia, sin truco.

Magia es cuando dos pieles se reconocen, cuando se erizan incluso antes de sentir el contacto. Magia es su lenguaje, ese que únicamente es entendido por la otra piel, ese que pide y da, que disfruta y otorga, ese lenguaje que habla de sensaciones, de preámbulos, de necesidad y de vicio. Sin trucos.

Mágicos son los labios que inventan besos, que vibran, que emocionan, que se buscan, que se desean, que encajan, que se rozan, que quieren más. Esos que sonríen cuando besan, que muerden, que susurran, que acarician, que provocan. Mágicos, sin truco.

Magia es sentir que estamos vivos, que nos emocionamos, que seguimos adelante, que somos importantes, que nos falta la respiración, que el corazón se nos va a salir del pecho. Es magia un amanecer nuevo, limpio, como si nada hubiese ocurrido anteriormente. Magia es cada primera vez de un sentimiento enorme, de una sensación nueva. Mágico es lo que se queda dentro de nosotros y lo hacemos eterno, magia es no dejar de sorprendernos y sentir que, en el fondo, no hemos crecido tanto.

Y magia es sonreír y saber que siempre seremos niños. Por eso creemos en ella, por eso la vemos. Y es magia, no hay truco.

 

 

 

 

 

 

Piedra, papel o tijeras

Cuántas veces lo somos…las tres cosas, además.

Somos piedras que hacemos tropezar a otros en su camino. Somos esa pequeña piedra en el zapato que no deja de molestar. Somos piedras preciosas que alguien lleva con orgullo. Somos piedras porosas que se dejan empapar para aprender. Somos piedras arcillosas en las que todo resbala. Somos hitos de piedra en la vida de otros. Somos piedras con las que construimos nuestros muros…y también somos la bola de piedra al final del ariete que es capaz de derribar fortalezas.

Somos papel de un cuaderno para escribir historias, poesías y diarios. Somos papel de regalo en el que a veces nos escondemos. Somos papel de seda que nos transparenta el alma. Somos papel cebolla del que hace llorar. Somos papel charol, cada día de un color diferente. Somos papel blanco de un block para dibujar sueňos y futuro. Somos papel de aluminio para protegernos de lo que nos daňar…y somos papel de lija, del que es capaz de daňar.

Somos tijeras de podar nuestras ramas para seguir creciendo más fuertes. Somos tijeras de peluquero para cambiar nuestro aspecto a mejor. Somos tijeras romas con quien no queremos hacer daňo. Somos tijeras de uňas con la punta delicada y daňina. Somos tijeras de cocina, de las que pueden con todo.

Piedras, papeles, tijeras…tres elementos en teoría tan dispares pero que forman tanta parte de nosotros, que nos hacen ser como somos. A veces los tres juntos,  a veces por separado.

Piedra, papel o tijeras… ¿ Jugamos?.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

La tormenta perfecta

Sabía que venía… Aquellas nubecitas blancas colgadas como trozos de algodón en el cielo decían que no pero yo lo sabía….venía. El aire traía un lejano aroma a mojado. Muy leve, muy tenue, apenas perceptible aunque lo suficiente para saber que venía. El sol no brillaba del mismo modo…era como si su luz fuera tamizada por una finísima mosquitera que le mataba el resplandor.

En poco tiempo, las nubecitas blancas iban tornando a grises y ya no estaban colgadas en el cielo sino que se expandían, iban ocupando todo el espacio azul, uniéndose unas con otras hasta devorar cada centímetro de cielo. El aire olía a mojado y casi se podía coger con las manos. Se movía, hacía carreras con las hojas y comenzaba a girar, agitaba mi pelo y me lo enredaba. La luz del sol se iba apagando, el perfil de las montañas se recortaba entonces contra el cielo gris en el que corrían las nubes y parecía casi un dibujo a carboncillo.

Adoraba quedarme en mitad del jardín en esos momentos. Esos momentos en los que un relámpago rasgaba el cielo y, por unos segundos, se hacía de dia. Esos momentos en que yo contaba por dentro para saber cuánto tardaba en llegar el trueno con su explosión que, cuando estaba casi encima,  parecía tirar abajo la puerta del mismísimo infierno. Esos momentos en que las gotas caían, grandes y frías primero, más rápidas y finas después, creando un manto que no dejaba ver nada de lo que estaba delante. Esos momentos en que el pelo chorrea, las gotas cuelgan de las pestañas y la ropa se pega, empapada, al cuerpo.

Esa tormenta que hay que pasar fuera, empapada, tiritando y muerta de frio aunque esté abierta la puerta de una casa acogedora.

Esa tormenta que hay que pasar así…fuera pero en tu interior.

Eso es lo que la hace perfecta.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter