¿Bailamos?

Hace tiempo, en una visita a Tanger, iba por una calle estrecha y no muy concurrida cuando, de repente, escuché un sonido que me hizo detenerme. No era una canción ni una melodía sino más bien una música muy básica, una percusión que provenía de una especie de tambor pequeño que golpeaba un hombre ya mayor. Él me miró y me hizo una señal para que me acercase. En una mezcla de inglés, español y no sé qué idioma más, acompañado por muchos gestos, me explicó que cada persona tiene un ritmo interior. Me dijo que vivimos en un mundo demasiado ruidoso, que no nos permite escuchar lo básico. Que oímos sonidos, música, voces…pero no los escuchamos desde dentro y se convierten en algo confuso. Me explicó que, cuando logras encontrar ese ritmo propio en un momento de tu vida, es como si todo empezase a encajar, como si te empezaras a equilibrar, como si todo comenzase a fluir solo. Me aseguró que la vida cambia desde que se encuentra ese ritmo interior. Y que yo me había detenido porque había algo en su música que yo había reconocido como propio, que la había sentido.

Lo cierto es que era verdad que algo en esos golpes en su tambor me había hecho parar y sentir algo en mi interior pero, en ese momento, pensé que era casualidad, o que estaba en esos días…no sé. El caso es que le sonreí, le di unos euros y me fui.

 

Desde ese momento, creo que me paré y miré. Y traté de escuchar. Y entendí muchas cosas que no había entendido hasta entonces.

Entendí que los malos tragos, mejor cuanto antes y de golpe.

Entendí que es en la calma donde nos preparamos para la tempestad.

Entendí que se deja de amar pero no de vivir.

Entendí que hay batallas que se ganan no librándolas.

Entendí que somos tan fuertes que, en ocasiones, nos asusta.

Entendí que ser feliz no tiene que ver con ser entendido, ni con tener, ni con gustar.

Entendí que somos más importantes de lo que algunos nos han hecho creer.

Entendí que, aunque asusten, los cambios son absolutamente necesarios.

Comprendí que el amor no se elige ni nos da a elegir. Es.

Comprendí que, cuando se ama no se ata, a no ser en momentos íntimos.

Comprendí que el miedo resta, vacía y nos roba las emociones.

Comprendí que somos mucho más de lo que, en ocasiones, nos permitimos ver.

Comprendí que decir NO es necesario. Y más, mantenerlo.

Comprendí que la vida era mucho más  de lo que yo había creído.

Y entendí que, si la escuchas, la vida te dice bajito… “¿Bailamos?”

Y yo me levanto y tomo su mano. Da igual el momento, da igual quién mire, no importa lo que haya alrededor… Ahora es mi ritmo, seguro que puedo.

Y yo contesto… “Claro que sí. Bailamos”

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5 comentarios en “¿Bailamos?

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