Cortar por lo sano

Déjame que te cuente una historia. Una de esas que comienzan y se van desarrollando ellas mismas, aunque ya tiene un final. Una de las que parecen películas diferente dependiendo de quién la cuente. Una de esas historias que a uno conmueve y a otro deja frío.

Verás… Hay veces que la vida nos hace elegir. Ya sé que eso pasa continuamente pero hablo de esas ocasiones en las que hay que elegir en el momento y se va con todo. All in. Es así, no hay otra opción. Es ese momento en el que no ves porque no hace falta. No escuchas porque ya hay música. No preguntas porque no necesitas respuestas. Solamente sientes  y no hace falta más. Es la razón, la emoción, es la causa y el efecto, el único camino posible. Es ese latido capaz de cortarte la respiración, de ponerte la soga al cuello, de llevarte al límite, de hacerte sentir tan vivo que asusta.

Y resulta que para ti no fue una apuesta ni supiste estar al límite. Y pusiste una altura insuficiente mientras nunca acercaste la soga a tu cuello. Hablábamos idiomas de piel y besos, de susurros, de palabras íntimas y emociones pero a diferente intensidad.
Y sí…es cierto que te estoy contando una historia en pasado, ya te dije que tenía un final. ¿Recuerdas que yo lo aposté todo?. Ciertamente lo hice pero hubo algo con lo que me quedé y fue un cuchillo. Uno pequeño, multiusos, útil en caso de emergencia. Y cortar por lo sano lo es. Aquí corto, querido, ahora que aún queda algo sano. No importa cómo sea tu historia,  este final es para los dos.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

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