Repetir curso

Esas matemáticas que nunca logro entender del todo… Nunca me sale el número exacto de caricias que compartimos. Pierdo la cuenta y no sé si sumamos, multiplicamos…para mí, que tiende a infinito. Y los besos… esos que elevan la pasión al cubo y luego nos dejan caer en el deseo buscando su raíz cuadrada. Y tenemos fracciones de tiempo gloriosas. Y medimos la pasión en microinfartos por minuto, multiplicamos el deseo y contamos con los dedos. Alteramos el orden de los factores y también el producto. Sumamos lados acariciados y los elevamos al cuadrado…o al cielo, ya no lo sé. Y contamos pulsaciones por minuto, las aceleramos y entrecortamos respiraciones. Y ya no sabemos si un tren sale de Madrid y otro de Pamplona y si van a doscientos kilómetros por hora y si se encuentran o pasan de largo. Solo sabemos lo memorable que es el choque de trenes que ocurre cuando estamos juntos.

Filosofía que habla de hombres, de lobos, de almas…del bien y del mal que no existen para nosotros. Conocemos la teoría pero vamos a la práctica. Y creamos teorías nuevas que no se sustentan en nada porque no nos hace falta. Porque nos importa la felicidad que se siente en esos momentos. El disfrutar. La unión. La confianza y la complicidad. La búsqueda de la belleza que supone desearse, entregarse, sentir. Miles de teorías y tendencias, racionalismo, hedonismo, ídealismo, escepticismo, realismo…Kant, Hobbes, Platón, Hegel, Sarte… Tantos siglos de pensamiento que nosotros reducimos en no pensar. En un aquí y un ahora. Sin buscar razones.Sin necesitarlas.

La química es algo que tenemos desde el primer momento en que nos vimos. Es esa corriente eléctrica que se siente cuando conoces a alguien especial…esa especie de escalofrío emocionante. Y, cuando es correspondido, es química pura. Creo que nunca nos hemos aprendido la tabla periódica de los elementos porque tenemos reacciones incontroladas…nunca sabemos en qué va a desembocar una caricia o un beso que comienza de modo inocente y puede hacer saltar la probeta por los aires.

Literatura para escribir en nuestra piel. Para leer emociones, para inspirarnos e inspirar. Leer en la mirada del otro, contar historias que provocan sonrisas. Unir caricias, versar besos, recitar instantes, inventar figuras literarias que solo sirven para nosotros. Momentos en los que no distinguimos la prosa del verso, los endecasílabos de los octosílabos o no sabemos cuántos versos tiene un soneto. Y tampoco nos importa. Hay poesía en los susurros, prosa en las miradas, páginas en blanco en la piel.

Arte… apasionante asignatura cuando se vive contigo. Arquitectura de nuestros cuerpos cuando se desean…a veces fortaleza y a veces templo. Pintura son los dedos sobre la piel acariciando, los labios dibujando con besos en la espalda…fresco, tabla o lienzo no importa. Escultura son nuestras formas, nuestros dedos entrelazados… Olvidamos el románico, gótico, barroco o renacentista para ser solamente ese arte que se siente, que se vive como tal en cada movimiento,

Hemos suspendido. Creo que tenemos un modo muy personal de entender las asignaturas, algo no cuadra con lo que se enseña en clase. No va a ser fácil que cambiemos nuestra forma de verlo pero por si acaso, y sobre todo para afianzar conocimientos…los nuestros, claro…será mejor repetir curso.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

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3 comentarios en “Repetir curso

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