Espejismos

Miré el reloj…marcaba algo más de la una de la madrugada pero no me apetecía entrar todavía en casa, por lo que di un par de vueltas más con el coche. Ese coche que me regalaste en mi último cumpleaños y que yo había elegido casi sin saber qué marca era porque, realmente, no me gustan los coches o no hasta el punto de desear encarecidamente uno en concreto. Aparqué enfrente de casa, cogí el bolso que estaba en el asiento del acompañante y saqué un cigarrillo. Miré la casa desde la distancia…tan bonita, tan iluminada por fuera, tan limpia, tan perfecta, con su jardín impoluto y su muro de piedra con el sistema de seguridad alrededor…. Hacía un año que vivíamos allí y no lograba adaptarme del todo. Prefería el piso que teníamos en el centro con los vecinos que ya eran amigos, las tiendas cercanas donde conocía a todo el mundo, los bares donde íbamos a tomar el aperitivo, las calles con su bullicio, esos sonidos que ya se habían convertido en algo tan mío… Pero surgió la oportunidad de comprar esa casa y fue dicho y hecho. Pensábamos tener hijos y por eso no opuse demasiada resistencia. Pensaba que, quizás, los niños se criarían mejor lejos del bullicio del centro. Parece que te estoy viendo cuando me estabas contando las maravillas de vivir allí. No quería problemas. Acepté. Nos trasladamos a vivir a aquella preciosa casa en aquella preciosa urbanización pero pronto sentí que, en realidad, era una preciosa jaula.

Hacía calor. Solté una bocanada de humo, bajé la ventanilla y puse los pies sobre el salpicadero. Pensé que si me hubiera quitado la ropa en ese momento, no habría pasado nada porque por aquella calle no pasaba ni un alma ni pasaría, casi seguro, hasta la mañana. No había habido ningún problema…casi todo se había puesto a mi gusto, no se hablaba de dinero, lo importante era que fuera bonito. Y, al principio, me gustó hacerlo…era como comenzar algo nuevo, como decorar una vida, como decidir los colores entre los que la íbamos a vivir…pero todo lo decidía sola porque tú nunca estabas. Y por la noche me sonreías con condescendencia mientras me decías lo bonito que había quedado todo. Sabes…esa casa era bonita pero no tenía alma, solamente tenía eco. Tengo grabado el sonido del eco de mis tacones al entrar…porque no había nadie más.

Apagué el cigarrillo en el cenicero y salí del coche. Crucé la calle y abrí la puerta del jardín. Miré la casa desde allí. Ahora no podía haber ni siquiera eco dentro porque tú estabas de viaje, como tantas otras veces. Por primera vez, me pareció estar mirando un decorado. Precioso pero frío. Sin vida. Me quité los tacones y me senté en el cesped. Y lo vi. Vi que no iba a haber niños. Vi que lo que no faltaba de dinero faltaba en ilusiones. Vi que mi vida brillaba por fuera pero tenía eco por dentro. Vi que eso no era lo que me hacía feliz…y vi que era un espejismo de vida, que no era real, que estaba vacía, que quería que desapareciera. Que te quería  a mi lado…estar sentados en un sofá, riéndonos por la discusión de los vecinos que se oye lejana y pensando a qué bar vamos a bajar a tomar el aperitivo.

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2 comentarios en “Espejismos

  1. Muy buena entrada… me ha recordado a lo solo que me encuentro muchas veces cuando estoy rodeado de gente en el tren, cuando levanto la mirada del libro y me fijo en que ya no hay miradas fugaces como se veían antes, cuando no existían los teléfonos móviles, y la gente se enamoraba entre dos estaciones…

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