Ahora que caigo

Me habías prometido que vendrías y yo, como siempre, había dejado todo el tiempo disponible para ti. Había pedido el día libre en el trabajo y cancelado un par de citas que tenía en la agenda desde hacía ya varios días. Me sentó algo mal cancelar una de ellas porque se trataba de comer con un querido amigo al que no veo frecuentemente y con el que las horas se van como si fueran minutos. Una pena pero, claro, tú valías eso y más. Para eso te había preparado yo un precioso pedestal lleno de privilegios, al que te subiste como si fuera tu sitio natural.

Me desperté ya ilusionada pensando que iba a verte, que ibas a besarme de nuevo, que, en un rato, sentiría tus manos recorriendo y erizando cada poro de mi piel, que ibas a volver a mirarme de ese modo que era un freno de mano para el tiempo. Pensaba que íbamos a fabricar, en unas horas, recuerdos de los que no se olvidan en aňos. Pensaba que ibas a hablarme bajito al oído, que tu cuerpo sería mi refugio y mi cama nuestro campo de batalla.

Pensaba…hasta que sonó el teléfono y escuché tu voz, esa que adoraba, diciéndome, tras una serie de preciosas y dulces palabras, que te habían surgido unos compromisos inexcusables y vendrías a casa por la noche. Eso sí, te quedarías a dormir. Con el teléfono todavía en la mano me senté en el sofá y pensé en las veces en las que yo había dado excusas para compromisos inexcusables porque lo realmente inexcusable para mí era verte. Curiosa y diferente manera de entender lo inexcusable…

Como tenía tiempo de sobra, empecé a recordar el modo tan diferente que teníamos de entender también otros conceptos y arqueé las cejas con cara de sorpresa al ver que eran muchos… demasiados. Y recordé…y me vi desde fuera, nos vi desde fuera, y por primera vez no me gustó. No me gustó nada. Fue como ver la fea parte trasera de algo que es precioso por delante. Como darme de bruces con eso que había estado evitando durante tiempo. Como abrir un precioso frasco de perfume y comprobar que no huele bien, que se ha pasado.

Y así, con los pies sobre el sofa, los brazos rodeando mis rodillas y la toalla mi cuerpo, el pelo recogido en una coleta, nada de maquillaje y las lágrimas a punto de brotar en mis ojos, marqué tu número y, te dije que no iba a verte más. Y, ahora que caigo, me estaba despidiendo de alguien que nunca había estado.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

Anuncios

6 comentarios en “Ahora que caigo

  1. Curiosa esta vida en la que si te desvives por alguien la gente piensa: será un acosador? Qué tara tendrá para que no le interese nadie más?
    Pero cuando no muestras ese deseo de exclusividad, no mereces nada, porque no me devuelves lo que yo considero que deberías de devolverme.
    Que complicado todo, solo necesitamos beber, comer y dormir, todo lo demás es un extra. Qué mania con ver la vida desde la perspectiva de espectativas sociales que vienen principalmente de la influencia de la publicidad y del cine.

    Me gusta

  2. Me han gustado, escribes muy bien, me gustaria que escrbieras sbre, la tierra, las nuves, el viento, los sauces, las gorriones, el agua, los rios, mares. La lluvia, , la luz, el sol. todo esto es naturaleza para disfrutarla besos Marta.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s