Discúlpame

Discúlpame…

Por las veces en las que no confié en ti.
Por no creer lo que reflejaba el espejo.
Por tantas ocasiones en las que me tapé los oídos para no escucharte.
Porque no quise saber lo que me resultaba difícil.
Porque me acomodé en la medianía.
Porque me dejé hacer daňo.
Por no entender que la fortaleza no sólo es soportar

Porque preferí no luchar.

Por buscar en otros la aceptación que debía estar en mí misma.

Por justificar sin justificarme.

Por dejar de soñar.

Porque me acostumbré.

Por decir sí con los labios y no con el corazón.

Por pasar por aros mucho más pequeños que yo.

Porque dejé de ser para, simplemente, estar..
Porque intenté buscar significados donde no había ya nada.
Por tratar de entender lo que otros no querrían ni escuchar.
Por culparme.
Por no querer ser, cuando era.
Por dejar pasar cuando debería haber cogido.
Por no valorarme.
Por dejar de ser yo.

Discúlpame…son disculpas para esa parte de mi a la que no traté como merecía. Y son sinceras.
Discúlpame… Y créeme,  procuraré que no vuelva a ocurrir.

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Malditas tus ganas

Era un día más…no recuerdo cuál pero recuerdo el calor infernal. Salí de la oficina rumbo a casa para darme una ducha y cambiarme de ropa, ya que había quedado para cenar con un amigo con el que tenía una historia…o media…o algo parecido. El caso es que estábamos a gusto juntos y no habíamos tratado de definirlo en ningún momento. Éramos…y punto.

Cuando estaba saliendo de la ducha, mi móvil se iluminó con un mensaje suyo diciendo que ya estaba abajo. Le contesté que en cinco minutos estaría lista y bajaría…esos famosos cinco minutos que suelen durar algo más cuando los expresa una mujer arreglándose. Estaba maquillándome con la toalla alrededor de mi cuerpo cuando sonó el timbre y supuse que era él que, sabiendo que iba a demorarme, prefería esperar en mi casa. Abrí la puerta pero no era él.  Allí estaba M…el mismo que había compartido vida y techo conmigo durante cinco años. El mismo que había hecho que descubriera el cielo y el infierno en un corto espacio de tiempo. El que me hizo dudar de mí misma por encima de todo  Sí…el mismo que me pidió en matrimonio y consiguió que terminara lanzando la alianza al inodoro y tirase de la cadena como reflejo de lo que había quedado de nuestra relación.

Se quedó mirándome sin articular palabra, más o menos como yo. Me dijo algo así como que necesitaba verme, explicarme, recuperarme…y mi madre le había dicho dónde vivía. No me extraňó, puesto que ella le adoraba.  Era taaaan guapo,  taaaan atento y educado, taaaan sensible, siempre estaba para todo con una sonrisa y la palabra adecuada… Nunca le dije que eso era la fachada y que por dentro estaba en ruinas, que el brillo de fuera era un apagón por dentro, que las dulces palabras podían transformarse en rugidos sin saber muy bien cómo. No merecía la pena sacarla de su error.  Le invité a pasar y se sentó en el sofá. Miraba al suelo. Me senté en el brazo del sofá que estaba enfrente…haría fácilmente dos aňos que no le veía. Como era previsible, estaba arrepentido, me echaba de menos, ahora sabía que era la mujer de su vida… Yo notaba como la furia se iba apoderando de mí. No era rencor,  era indignación. Le corté en seco. “Malditas tus ganas de volver, de haberte atrevido a aparecer en mi vida de nuevo y sin permiso. Malditas tus ganas de remover sentimientos. Vete, hay alguien esperándome. Alguien que no me define ni quiere ponerme una alianza en el dedo que es como la llave de una jaula”. Me miró durante un segundo y suspiró. No dejó de mirar al suelo mientras salía. No dijo nada. No volvió la cabeza. Cerré la puerta y cogí el móvil para escribir un mensaje: Bajo en cinco minutos,  de los de verdad.

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Respetando, que es gerundio.

Generalmente no suelo comentar temas que estén más o menos de actualidad pero, aprovechando que tengo las hormonas haciendo su personal revolución en mi interior, me acogeré a mi enajenación hormonal transitoria y os cuento.

Veréis…desde hace un tiempo, observo que se habla mucho sobre el machismo. El machismo es una lacra, algo deleznable, cruel e injusto que yo detesto desde lo más profundo y machista no es un adjetivo que se pueda aplicar a mí bajo ningún concepto. El caso es que hay mujeres que se toman la libertad de dar las pautas que, supuestamente, hay que seguir para ser mujer. Una mujer a su manera, claro. Y también se toman la libertad para sentar cátedra catalogando las actitudes que, según ellas, son machistas y ninguna mujer debería tolerar. Y por ahí no paso. Jamás he soportado las imposiciones y por ello me he llevado algún que otro tortazo (en sentido figurado, eh…) en la vida. No me gusta que me digan cómo tengo que ser ni tampoco cómo tienen que ser los demás. Hay libertad absoluta para estar o no al lado de quien queramos. Nadie nos obliga a compartir con quien no nos gusta. Y ya somos mayorcitos para saber lo que queremos, nos gusta, toleramos o nos parece mal.

Estas mujeres se autoerigen en defensoras del resto sin que nadie se lo haya pedido, en jueces, ejecutoras y conocedoras del término absoluto del bien y del mal según su propio criterio, claro. Piensan que el resto somos tontas o, seguramente, algo mucho peor. Se creen con el derecho a clasificar las conductas que ellas, en su infinita sabiduría, consideran machistas. Se creen con el derecho de crear la normativa para ser mujer y a etiquetar al resto. Increíble… ¿Y quién les ha dicho a ellas que yo quiero ser así…quién les ha dicho que para mí son espejos en los que reflejarme?. Venga ya…quien me intenta imponer, no me respeta. Y son esas mujeres, a las que se les llena la boca con la palabra RESPETO, las que hacen juicios sumarísimos al resto, tanto hombres como mujeres. Incluso ridiculizan e insultan, ellas que claman por una supuesta igualdad. Respeto es una palabra demasiado grande para mentes tan pequeñas.

A mí me gusta verme bien, ir arreglada, encontrarme a gusto, me gusta la ropa y los zapatos… Me gusta que me digan cosas agradables, me agrada gustar, me gusta sonreír y saber estar. Soy femenina y me siento bien así. Y no por los demás…resulta que algunas mujeres tenemos el criterio suficiente para habernos hecho como nos gusta. Y nos gustamos así. Y no criticamos ni juzgamos a las mujeres que son de otra forma Se respetan y se las aprecia porque son tan mujeres como yo. Y de todo se aprende, no se intenta machacar, humillar o juzgar. Me gustan los hombres que saben estar, con educación y sentido del humor. Que vengan a buscarte a casa o paguen una cuenta, o digan un cumplido no es machista. Y no todos los hombres son iguales, qué tonterías son esas…son diferentes y fantásticos, al menos los que yo tengo la suerte de conocer. Y se aprende mucho de ellos. Y adoro compartir mi tiempo y mis risas con ellos. Y se pasan muy buenos ratos…y no tiene por qué ser en una cama. Puede que en algunas cabezas no quepan estos conceptos pero…ellas se lo pierden, no es mi problema.

Se inventan palabras, se mezclan conceptos y se aprovechan de que la gente se deja llevar por lo políticamente correcto  sin pensar más allá y sacar conclusiones propias. Se da por bueno lo que es injusto y, en ocasiones, falso. Se intenta machacar y ridiculizar, marcar y etiquetar para sobresalir cuando, de otro modo, sería imposible.

Lástima de prejuicios y de odio reprimido pero por ahí no paso. A mí no se me impone, se me respeta porque yo hago lo mismo. Y, sinceramente, no me importa lo que ese tipo de mujeres pueda pensar de mí. Llevo muchos años siendo mujer y creo que no me va mal. Yo, me reservo mi derecho a mandar a la mierda y sigo. A mi manera, claro.

Y ya está bien…

Respetando, que es gerundio.

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Es un secreto

Hay cosas que no se cuentan, que no se comparten, porque ese es su sentido, su emoción, su naturaleza, la complicidad requerida, el que ocurra y sea así porque es secreto, porque ahí lleva la prohibición , el escalofrío, la pasión y el pecado. Todo lo que hace que sea inolvidable y único

¿Tú crees que yo alguna vez contaría cómo me miras…cómo acercas poco a poco tus labios a los míos…cómo siento ese cosquilleo incluso antes de que los roces?.
¿Crees que yo diría que nuestras lenguas se enredan y se acarician sabiendo que eso es el preludio de lo que va a ocurrir?
¿Tú piensas que contaría que esas mismas lenguas saben descubrir en nuestros cuerpos caminos y destinos que desconocíamos con otras personas?
¿No creerás que voy a decir a nadie que nuestra piel arde y nuestros labios susurran lo que nos deseamos, mientras nuestras miradas no dejan lugar a dudas ?
¿O es que acaso piensas que yo alguna vez insinuaría que conoces el lenguaje de mi cuerpo, de mi piel, que no hace falta preguntar porque la pasión se hace entender?
¿O crees que yo contaría que tus suspiros, tus gemidos en ocasiones contenidos, hablan de ese deseo que te cuesta tanto controlar aunque a veces quieras hacerlo?

¿Crees que yo querría que se supiera que has descubierto en ti sensaciones que no imaginabas?

¿O que, juntos, somos capaces de lo que nos parecía que sólo era para otros?

No. Hay situaciones, momentos, sensaciones y emociones que ocurren aunque no deban y son especiales por eso. Porque, aunque no deben, deben ocurrir. Es la vida, la pasión, el querer disfrutarlo. Tú lo sabes y yo también.  Suficiente.

Sssshhh…es un secreto.

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Donde las dan, las toman

Esas veces en las que te hicieron sentir tan poca cosa…

Tantos momentos en los que te miraron con condescendencia por pensar a tu modo…

Por tantas ocasiones en las que brindaron sin incluirte…

Por esas veces en las que te sentiste sobrar…

Por esos planes en los que, en teoría entrabas, pero no eran para ti…

Por esas conversaciones en las que no te tenían en cuenta…

Tantas ocasiones en las que tu opinión  no fue ni siquiera consultada…

Por esos momentos en los que te hicieron sentirte hasta fea…

Cuando todo parecía mejor que lo que tú podías aportar…

Esas veces en las que intentaban hacer que sí pero tú sabías que no contabas…

Cuando tu estado natural era dudar de ti…siempre.

Por esas veces en las que no te apetecía ni abrir la boca porque sabías que no te escuchaban…

Tantas veces fueron las que intentaron que fueras políticamente correcta…

Tantas ocasiones en las que solamente demandaste respeto.

O, simplemente tratar encajar donde ni siquiera cabías…

Por tantas lágrimas que muchas veces inundaron tu alma…

Porque llega un momento en el que no deseas que te entiendan, solo que te dejen ser…

Y llega un día en el que creces…da igual la edad. Y te miras. Y les miras. Y te sientes fuerte. Y sientes que ha llegado tu momento. Que ya eres, que ya puedes. Y resurges… y notas que, donde antes había indiferencia, ahora puedes percibir envidia. Y ellos notan que algo ha cambiado. Y sabes que tienes poder, que te admiran y, si no, te respetan.

Ahora sí…eres tú. Y no admites discusión. Estás, como mínimo, a su altura. Y les toca escuchar.

Sí…donde las dan, las toman.

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