Dame una primavera.

Esos veranos de la infancia en lo que todo era infinito. Los días eran largos, las risas inagotables, los amigos para siempre, los relojes no existían. El sol duraba más de un día, la diversión parecía eterna, los primeros amores que nos venían grandes, las preguntas eran inacabables… Todo se multiplicaba, todo duraba más, todo era emocionante, existía esa sensación de inmortalidad… ¿te acuerdas?. Éramos inmortales, éramos superhéroes con la toalla de la piscina como capa, no podía ser de otro modo. Solamente conocíamos lo que era vivir…vivir sin saber nada más, inconscientemente, en una burbuja gigante en la que nunca ocurría nada malo, en la que había todo lo necesario para ser felices. Al fin y al cabo éramos niños y los niños solamente tienen la obligación de ser felices. Eso nos parecía, ese era nuestro mundo, no conocíamos nada más.

Pero el verano se termina y llega el otoño. Ese otoño de días cortos, de colegios y uniformes, de ir creciendo sin saber muy bien cómo, de sentirte enjaulado en la casa de la ciudad, de ver como aquella burbuja enorme se hace más pequeña. Ese otoño de echar de menos, de comprender que no todo es infinito, que hay más mundos, que las cosas no son tan maravillosas, que los superhéroes también se caen, Llevamos preciosos relojes que nos esclavizan y el tiempo corre demasiado. Comienza a hacer frío y no me gusta. Sabes…creo que se empieza a ver con más claridad pero con menos ilusión.

Y todavía puede hacer más frío, puede haber menos luz, puede llegar el tiempo de las botas y los gorros, de las manos congeladas, de desear que llegue la Navidad para sentir algo más de calor, al menos en el ambiente. Llega el invierno largo, con ese sol congelado y cielos plomizos, con pieles pálidas y noches tempranas. Ese en el que los rayos del sol no calientan porque hasta el sol está triste, en el que el cielo parece solamente un dibujo. Nunca me gustó el invierno y, por supuesto, sigue sin gustarme. Por eso, dame  una primavera, podrías inventarla para mí. La necesito ahora, no cuando llegue. Vívela conmigo…pero ahora. La necesito.

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2 comentarios en “Dame una primavera.

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