Viviendo.

Algún día entenderás que querer también trata de soltar. Que cuando nos sacan del sitio no es fácil volver a encontrarlo. Que basta un minuto para borrar un día, una palabra para callar un alma y un silencio para gritar bien alto.

Verás que lo que se siente traspasa, lo que se dice de corazón acaricia y lo que se descuida mata. Que basta cerrar los ojos para ver, confiar para sentir y creer para volver.
Sentirás que lo que perdiste duele, que si es amor no aprieta y que si es de verdad, salva. Que cada persona es única, que lo que se quiere se cuida y lo que se cuida crece.
Comprobarás qué grande es aquello que no se mide, cuánto pesa un suspiro, cómo atraviesa una mirada. Que quien te quiere te hace grande, inventa tiempo quien te necesita y hace que no dudes quien te ama.
Te preguntarás por qué no lo hiciste, no se lo dijiste, cerraste la puerta o no te atreviste. Si fue lo mejor, si pudo haber sido, si era el final o lo precipitaste al olvido.
Recordarás lo que tuviste, lo que se fue, aquello que provocaste y lo que no dejaste volver. Las sonrisas a cada instante, los nombres que te hicieron ser, aquello que te hizo fuerte y lo que morirías por traer.
Eso es lo que queda en el tiempo, lo que vives, lo que vale. Lo que deja huella pero no mancha, lo que deja marca pero no duele. Lo que queda de ir viviendo, lo que habita en la mente, lo que ocupa el corazón, hace que mires atrás, sonrías y sepas que existe la suerte.

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Miedo.

A no ser, a estar, a deber o a pagar.

Miedo a lo extraño, a lo conocido, a lo que no abarca la vista o a eso que cabe en un puño.

A lo que se siente y se desea, a lo que se sueña y se vuelve pesadilla. Incluso, a lo que no se tiene.

Pánico a volar cuando deseamos alas, a ver el mundo desde arriba, a no reconocerlo, a caer a plomo.

Terror a la noche mientras anhelamos la luna, a las tormentas aunque las llevemos por dentro, a no vivir mientras morimos por otros.

Miedo a sentir y a ser de hielo, a abrir la puerta y que nos hieran el alma. A escuchar el mar y que nos ahogue por dentro. A hacer daño a otros a la vez que aprendemos a matarnos.

Terror ante la sangre sin poder evitar hurgar en la herida. Mientras arrancamos costras, mezclando placer y dolor, sabiendo que nos dejará marca.

Temor ante lo desconocido , a la vez que lo que conocemos nos cansa. A tener razón y a equivocarnos. A amar y a ser abandonados. A creer y a no valer, a necesitar y a soltar.

Miedo que, al final, nos hace sentir, querer, vivir y que el corazón no deje de latir

Lo que soy.

Yo he mentido a la cara y he cargado mil verdades a la espalda. He hecho lo que dije que nunca, he dicho lo que odié siempre. No he roto un plato pero sí vajillas enteras y me he dejado el alma intentando arreglar la mía.

Yo he jurado cruzando los dedos, he reído a carcajadas mientras me deshacía en llanto por dentro y he jurado amor eterno.

He destrozado corazones y he dado sentido a momentos, me he ahogado en un beso y he abrazado mentiras.

Subí el volumen de la música para no escuchar mi conciencia y escuché cantos de sirena donde ni siquiera había mar.

Me hice pequeña para pasar por sus aros y acepté migajas donde hubo un festín. Negué lo evidente, me negué a mí. Creí en quien no debía y me dejé atropellar aunque vi el tren venir.

Yo he besado por despecho y he apretado el puño donde llevaba mi corazón. Me hundí en el barro y allí hice un lugar donde vivir.

Yo me vestí de princesa siendo bruja, me abrase bajo el sol siendo sirena y casi me muero de frío siendo verano.

Callé cuando debí haber gritado, respiré cuando creí estar muerta. Perdoné cuando debí haber pecado y fui incapaz de dictar mi sentencia 

Y amé lo que debería haber odiado, me transformé en lo que nunca quise. Di mi voz, mi tiempo y mis lágrimas. Lo que tenía y lo que inventaba, lo que en mí había y lo que ya no estaba.

Y pasa el tiempo y me enseña. Y me hace entender que se puede ser princesa y bruja. Y sirena en tierra. Y un poco mentirosa. Y que no soy tan rara ni simple ni tan desgraciada. Que el mundo no para, que los días no cesan, que de todo se aprende, que el sol siempre sale y se acaba la condena.

Existe.

Existe esa persona que aparece de la nada y hace de tu nada un todo. Que te enciende la luna en la noche, que te trae un verano en enero, que llega a acariciarte el alma.

Que te mira sin estar, te da la mano cuando te has perdido, te escucha sin preguntar y hace que desaparezca el frío.

Y te ilumina la mirada, no sale de tu cabeza, se hace un sitio en tu vida, como si siempre estuviera.

Te acelera el corazón, te hace sentir diferente, que no dejes de sonreír y sientas que todo se puede.

Te hace cosquillas en la vida, hace que los días cuenten, consigue que el tiempo corra y que la distancia vuele.

Que los te quiero no sobren, que la música esté presente, que haya una banda sonora en la que una canción suene diferente.

Y te hace perder el miedo y que no sea opción no atreverse. Y saltar sin paracaídas, sin red y siempre.

Porque no importa el camino, ni siquiera dónde lleva o si lleva a algún destino. O si el destino está de acuerdo o lo sabe o lo acepta. O si hay que convencerlo o sólo darle la vuelta

Porque cuando alguien así llega a tu vida, viene ya con su llave. Y entra. Y se instala. Y te hace brillar, sentir, creer, volver… Vivir

Un día

Un día entendí que, después de volar sin alas, la caída podía terminar con las ganas de elevarse del suelo.

Que, tras los fuegos artificiales, sólo se escondían carcasas de cartón vacías y un cielo negro y profundo.

Que, cuando el abrazo se esfuma, sólo queda un hueco lleno de aire helado, las manos tiritando y un invierno de repente.

Que el despertar de un sueño puede ser una pesadilla. O puede ser otro sueño. O ganas de un insomnio eterno.

Entendí que el día no termina en la noche, ni la noche con los rayos nuevos del sol.

Y, un día, entendí que el tiempo pasa. Y cambia. Y nos hace ver…

Que una caricia puede ser eterna, un beso repetirse en bucle y una mirada erizar la piel. 

Que lo que antes era un abismo, ahora no es más que un desnivel.

Que un te quiero salva, que un lo siento calma, que un te espero revive.

Entendí que hay personas que llegan a tu vida para hacerte feliz, para que te atrevas a vivir, porque ese es el momento.

Y que hay que decir sí. Porque una vida sin pasión es una vida perdida, que siempre podemos más cuando aparece esa razón.

Y, un día, la vida viene con un regalo. Y, sí, es para ti. Y te atreves a abrirlo.

Y vives.