Volar.

No se trata de despegar o no poner un pie en el suelo. Ni de desplegar las alas, pedir pista y salir.

No es una huida hacia arriba con miedo, sin fuerza y porque sí. Ni hay puerta de embarque, control de pasaporte o sala V.I.P.

Volamos sin saber. Volamos para vivir. Volamos incluso sin cielo, con tormentas, sin permiso ni ganas de seguir.

Porque no hacen falta alas ni viento ni tiempo. No hace falta motor, no hace falta saber. No hay que querer subir, tan sólo mantenerse en pie.

Se vuela cuando se ama, cuando se desea, cuando te hacen creer. Se vuela ante el fracaso porque no te puedes permitir caer.

Se vuela de alegría, de miedo o de ilusión. Con la sonrisa en los motores, el miedo o la decepción.

Se vuela tras tropezar, caer, mirar y seguir. Con alas prestadas, sin motor, con el viento en contra y el corazón a favor.

Porque, a veces, nuestro sitio no es el suelo aunque tengamos que seguir en pie.

Volamos para que nos vean, para respirar, para crecer. Sin anclarnos nunca al suelo ni a esa tierra que nos duele y también sin olvidar que siempre debemos reservar una cena en el infierno.

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4 comentarios en “Volar.

  1. Ay mi alma, tú haces que mi espíritu travieso abandone a este cuerpo pesado que no lo puede contener cuando te leo.
    Gracias por existir y por compartir lo que tu alma te dicta y tan bien escribes en un papel que es como una llave libertaria en el alma de quién lo lee.
    Gracias, gracias, gracias!

    Le gusta a 1 persona

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