(DES) PROPÓSITOS

No soy de propósitos de año nuevo sino se sonreír con los despropósitos del anterior  mientras invento unos cuantos para el año que va a entrar.

No hago listas ni intento ni espero porque sé que no cumpliré. Incluso, puede que lo haga peor de lo imaginado; eso también lo sé.

Porque lo importante de la vida aparece, no se busca, lo encuentras en cualquier lugar. Y si es verdadero no te preocupes que, al final, se va a quedar.

Al año nuevo le pido que cuente, le pido vida y no sólo respirar. Emociones, sonrisas y nudos en la garganta, personas, pasiones, deseos, canciones y que sea un buen lugar donde estar.

Le pido tiempo compartido, intentar ser mejor, tener cerca a quienes quiero y que haya mucho, mucho sol.

Y agradezco al año que acaba lo que ha traído, lo que se lleva, esas personas que han entrado en mi vida y esas otras a las que ha sacado de ella. Los días eternos, las noches sin prisa, el sol en la cara, sonrisas, sorpresas y piel erizada. Valorar lo que tengo, decir lo que pienso, intentar no hacer daño. Creer, querer y saber lo que no; tantas cosas han cabido en un sólo año.

 
Os deseo lo mejor, que vuestro año sea enorme. Gracias por estar, por leer, por sentir y comentar, por formar parte de mí.

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NAVIDAD

Llega todos los años con sus luces, sus colores, sus canciones, sus ausencias. Viene cargada de anuncios, fiestas, brillos y cenas, falsas sonrisas, abrazos blandos y solidaridad impuesta.

Viene con excesos, parece que todo es poco, que poco es nada, que el mundo se acaba y quema la tarjeta de crédito.

Y todo son prisas y calles llenas, bolsas con regalos, décimos de lotería, amigos invisibles y unos cuantos kilos de más en esos días.

Para muchos es un quiero y no puedo, una mera obligación. Un quedar bien, un soportarse, una bonita foto donde sí hay trampa y hay cartón.

Yo prefiero poder y no querer, no pasar por aros, disfrutar con aquellos a quien quiero y hacérselo saber. Cenar juntos y abrir regalos sabiendo que ellos lo son y no lo que está envuelto en un papel con estrellas o coronas; eso que puede acabar metido en un cajón.

Mi Navidad es con personas a las que quiero, no importa si han sido muchas Navidades ya o esta es la primera. Es con quien quiero en mi vida y doy gracias porque estén. Porque ellos son mi regalo, mi sonrisa, lo que me hace sentir bien.

La Navidadces bonita mientras no sea obligada ni tengamos que fingir que es blanca, dulce o esperada.

Es querer y poder, poder y querer estar con quien nos hace felices. Y poco más.

Lo Que Nos Une

No tiene cuerdas ni lazos ni deja señales molestas. No es reja ni es candado ni cerradura con llave maestra ni funciona bajo amenaza. Y no se busca, te encuentra. Tampoco hace daño ni tira ni encierra o te ancla. No escuece, no impide ni corta ni te araña.
Lo que nos une libera, enseña, da alas, te hace creer, te alegra, te agranda. Cumple tus sueños, los crea nuevos, te hace más fuerte, te sonríe, te calma.

Te hace esperar y tener, poder huir y quedarte. Poder deshacer maletas sabiendo que no hay fechas para entrar o salir ni obligación para estar. Que nadie te va a pedir más de lo que puedes dar.
Lo que nos une es lo real porque no puede ser controlado. Nos mantiene juntos sin querer, sin saber cómo ni hasta cuándo.

Lo que nos une es pura magia sin truco, sin pega, dobles fondos, cartas marcadas o palomas en la chistera.

Lo que nos une no ata y nos hace ser tan libres reconocer a esas personas con las que nos sentimos en casa.

Del dicho al hecho

Siempre fui más de hechos que de dichos, incluso de hechos sin dichos.
Creo que la vida nos enseňa el valor de las palabras, tanto de las que se dicen como de las que se omiten. Y se aprende que, con determinadas personas no hay hecho.

Que usan palabras vacías, que ni siquiera hay con qué llenarlas. Que suenan a eco y a falso y se cubren con la máscara de un payaso. Que son palabras sin fuerza, sin alma, sin vida, casi sin letras.

Que sus palabras no valen, no pesan, no laten. Que son dichos sin hechos, humo vendido, vaso de trilero. Son un calvo vendiendo crecepelo, un confesor que no cree en el pecado, una nube que se lleva el viento, una sonrisa falsa de medio lado.
Pero también hay personas que dicen y hacen, que prometen y cumplen. Que, con una mirada, dicen y, acto seguido,  hacen, que no hace falta más, pues sus palabras son promesa.  O que hacen sin decir y, si dudan, silencio. Que son más hecho que palabra y hablan con la sonrisa. Que cumplen sin pedir, sin explicación, sin preguntas. Que usan palabras cortas, llenas, porque son hechos en dichos.

Al vivir aprendemos y esperamos, prometemos o pedimos y en nosotros está decidir cómo de largo es el trecho entre nuestro dicho y nuestro hecho.

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SOMOS

Lo que vivimos o respiramos. Lo que sentimos y aquello por lo que morimos 

Somos quien conocemos y quien nos asusta, aquello que fuimos y lo que no nos atreveremos a ser. Quien pretende dar lecciones habiendo suspendido y quien sigue tropezando en un camino ya sin piedras.

Queremos ser como otros sin saber aún cómo somos, queremos ser uno cuando somos muchos más. Pretendemos entendernos cuando no nos conocemos y queremos perfecciones cuando es necesario fallar.

Somos pequeños gigantes más fuertes de lo que creemos, somos lo que deseamos o lo que nos dejan ser. Queremos poder y no nos creemos cuando de verdad podemos. Podemos volar y nos empeñamos en seguir anclados al suelo.

Somos animales y dioses, héroes y demonios, escudos y lanzas. Nada cuando nos creemos mucho, mucho cuando no tenemos nada. Queremos ser parte de otros, de esos a los que no sabemos si nos da más miedo amar o saber que nos aman.

Somos quien nos puede, nos conoce o nos ignora, quien nos quiere y nos detesta, quien nos da alas y se guarda las tijeras.

Somos nuestra cárcel y nuestro cielo, somos hogar y galeras, chimenea o incendio, blusa de seda o camisa de fuerza. Juez y verdugo, confesor y pecado, violín y director de orquesta.

Y somos lo vivido y lo llorado, lo que dijimos que nunca, lo que falta y lo que nos dejamos. Siempre conjugando el futuro pero sin olvidar el pasado.