DUDAS

Esas que vienen a cada momento, en cada resolución o parada, en cada razonamiento. De las que destrozan las certezas, las sentencias, los recursos; esas que habitan en decisiones y promesas.

 

Dudas que hacen terrenal lo perfecto, que nos hacen pensar y pararnos, no decidir al momento y no tener claro dónde estamos.

 

Que nos impiden crecer, disfrutar, conocer y nos quitan tiempo al vivir. Por un lado nos protegen y por el otro nos venden y nos hacen caminar sin tener claro por dónde seguir.

 

Dudas personales y transferibles, tantas veces prescindibles, que no nos dejan caer pero tampoco caminar erguidos. Son el sí pero no, el quiero pero no debo, el pensar lo que está claro, el no creer lo que tenemos. La causa del arrepentimiento, de lágrimas y “debería”. Lo que a veces nos avisa de un peligro y otras no nos deja atrevernos con el juego que supone la vida.

 

Dudas que son la cuerda floja, eso que nos pone a prueba, lo que nos hace decidir entre no pecar y penitencia. Las que habitan en la mente y actúan todos los días. Esa parte de nosotros que hace que escribamos un ” es” o un “sería”.

 

 

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LO QUE FUE

No busques donde hubo fuego y no dejaron ni las brasas, allí donde casi te ahogan usando un extintor. Ni donde hubo pasión y no quedan ni momentos ni allí donde hubo sueños y queda un despertador.

No busques besos en un cubito de hielo ni un cálido abrazo en un maniquí. No esperes palabras en un vacío, música en un silencio o te eternices esperando un sí

No esperes que vuelva lo que queda ya en pasado ni sujetes con fuerza eso que ya no está. Ni vivas de recuerdos si ya es tarde o trates de amarrar lo que se va.

No escuches voz donde hay eco ni sigas por un camino que ha llegado a su fin ni trates de ganar una batalla perdida o convencerte de que lo que ya no está sigue ahí.

 

Porque puede que algo termine pero la vida no para. Y nos deja tropezar, caer, llorar y luego nos levanta.

Y traerá más tiempo, personas, sonrisas, hasta aquello que ni imaginábamos y más de lo que perdimos.

Y, cuando echemos la vista atrás, lo que nos hizo sentir morir se quedará en nada, lo que nos hizo llorar provocará una sonrisa. Y sabremos que la vida sigue, que nos hace fuertes, que lo que fue huracán ahora es una simple brisa

MOMENTOS

Quedate donde te sientes, donde te sientan a su mesa y guardan tu sitio. Donde te hacen sentir, valoran que te sientas y te sienten como parte.
Quedate con quien te quiere pero no te ata, te da su mano para que puedas salir, te deja caer porque tienes que vivir pero no deja de estar ahí. Con quien te trae un agosto en enero, con quien no te juzga ni sentencia, con quien no decide por ti. Con quien te escucha y te calma, quien tiene vistas al mar, quien está aunque esté fuera, aquél que sabe esperar.
Mantén cerca a quien encuentra una sonrisa bajo las lágrimas, a quien ve en ti lo que no ves ni tú, a quien se alegra de haberte encontrado. Cuida a quien te hace sentir, a quien te habla a la cara y te abraza por la espalda, a quien te esconde las balas, a quien sabe curar esas heridas que ni recordabas.
Da tu mano a quien te acaricia el alma, a quien te muestra el cielo cuando estas abajo, a quien abre tus ojos y cierra tus dudas, a quien te enseña que vivir no es un trabajo.
Toma la mano de quien acoge la tuya, de quien no tira de ella ni quiere ponerle un anillo que aprieta. De quien no lleva las suyas en los bolsillos, de quien te eriza la piel y sabe acariciar sin ellas. Toma esas manos que encajan con las tuyas, que las hacen fuertes; esas en las que pondrías el corazón sabiendo que no lo dañarían.
Porque es en esos momentos de la vida en los que nos sentimos parte de ella, de otros, de nosotros. Cuando sentimos que vivir es mucho más que respirar y un corazón latiendo.
Son momentos, son personas, son paradas, son recuerdos.