DEJA QUE TE CUENTE

Que se puede estar sin anunciarlo.

Que, a veces, solo hace falta un hombro para llorar y una caricia en el pelo.

Que puede no hacer falta una conversación sino compartir un silencio

Que no hacen falta preguntas para todo. Que hay respuestas que brotan solas o que no existen.

Que no se juzga, se apoya.

Que hay que saber escuchar ese “Ven” que se grita sin palabras

Que estar no es una opción sino algo que sale del alma.

Deja que te cuente…

Que lo que se rompe no se arregla.

Que las palabras no dichas no valen para otra vez.

Que los besos que faltan no pueden sustituirse por otros.

Que los sueños que se desvanecen se convierten en humo.

Que de nada sirve parar un reloj; el tiempo corre.

Que lo que se queda por hacer, se olvida

Y deja que te cuente…

Que las personas cambiamos o volvemos a ser.

Que las decisiones que tomamos nos hacen avanzar.

Que los fracasos se quedan en fallos cuando los ves con perspectiva.

Que siempre hay opciones.

Que somos capaces de asustar al miedo.

Que la vida es distinta cuando enciendes tu luz.

Deja que te cuente que lo que de verdad cuenta es lo que se vive. Lo demás, simplemente son cuentos.

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SUERTE

No es un décimo premiado ni una apuesta que gané. Ni encontrar un billete, desear algo muy fuerte, cruzar los dedos y contar hasta tres.

No es cantar bingo, tener pleno o Black jack. Ni la bola en la ruleta, la carta en la mesa o la tensión de esperar

La suerte no tiene números ni líneas ni resultados. No está en un casino, en un bombo o un boleto ni trae un dinero que puede ser malgastado.

Mi suerte son personas; esas que he ido encontrando o me han encontrado a mí. Las que llegaron a mi vida y entraron con su llave, esas que venían de visita y se quedaron a vivir. Las que me mostraron la parte de mí que no veía; esas que, pase lo que pase, siempre tienen un sí.

Y abrieron las ventanas para que entrara el sol, me hicieron mirar al espejo, tuve mi espacio en su vida y en la mía ya no hubo eco.

Y nada se fuerza, se rompe o no encaja, iluminan y hacen brillar. Y están aunque estén lejos, acarician sin tocar, parece que siempre estuvieron y saben ser además de estar.

Mi suerte siempre son personas, son regalos, son fortuna. Son quien me quiere tal cual, me respeta y me valora. Quien no necesita preguntar porque las palabras sobran, quien entiende una mirada, un silencio, quien se queda a tu lado cuando tú mismo te estorbas.

Y sólo queda agradecer, cuidarlos y entender que eso es la suerte y no un número marcado en un papel

CREO

Creo en la oportunidad y el destino, en los regalos de la vida, en la fortuna. Creo en los abrazos donde caben mundos, en el mundo donde sobra gente y en la cara oculta de la luna.

Creo en el amor verdadero, en la pasión desbordada, en quien me hace sonreír y que desaparezca el invierno. En las miradas que hablan, en las palabras que callan, en el cielo en unas manos y el infierno donde menos esperaba.

Creo en la piel erizada, el nudo en la garganta, las lágrimas de emoción, en las caricias sin fin, en los momentos eternos y en esos besos que llegan hasta el corazón.

Creo en quien no imaginaba, en mí misma y en esos veintiún gramos de alma. En las causas pérdidas, en las ovejas negras, en que, a veces, la mejor respuesta es porque sí. Creo en el olvido, en las miradas que hablan, en los deseos y en quien no tuvo que llegar porque siempre estuvo ahí.

Y creo en quien siempre está, creo en lo que se siente, en cerrar los ojos y ver. Y que lo que hoy es futuro, mañana será presente.

Cuando crecí

Me dijeron que los Reyes eran los padres.

Me enteré de que las personas a las que yo quería, tendrían que morir algún día.

Supe que el Ratoncito Pérez no era el que se llevaba los dientes que se caían.

Vi que los sueños no se cumplían cerrando fuertemente los ojos.

Comprendí que los amigos van y vienen.

Comprobé que las heridas dejan cicatrices que no se van.

Supe que a los mejores amigos también se les puede conocer a pedradas.

Conocí juegos que ya venían con trampas.

Descubrí que los deseos del cumpleaños no se cumplen aunque apagues todas las velas de un soplido.

Viví el desengaño de que no te crean a pesar de decir la verdad.

Supe que los padres no son tan superheroes.

Vi que, incluso las casas más bonitas por fuera son tristes por dentro.

Sufrí el querer pero no poder.

Empecé a leer cuentos en los que, al final, no eran felices ni comían perdices.

Entendí que, muchas veces, hay que luchar con algo más que una pistola de agua y una toalla.

Cuando crecí empecé a conocer lo que era la vida, esa situación que distaba tanto de lo que yo, hasta hace poco, conocía. Y descubrí que las personas a las que admiras no siempre tienen razón. Y que sentir duele. Y no sentir también. Y que de lo de querer ser grande ya no me parecía tan buena idea. Y que es mucho más divertido bañarse en la bañera con los juguetes que darse una ducha de cinco minutos. Y que el despertador sirve para algo. Y que hay que hacer cosas que no se quiere y no hacer cosas que se desean.

Y que crecer no es tan divertido, que mejor volver un poco atrás. O parar y quedarse así pero no se puede, así que toca seguir aunque nos parezca un timo. Y no hay hoja de reclamaciones. Ni nadie a quien quejarse porque esto no se parece a lo que nos habían contado. Ahora toca aprender a hacerse mayor pero no viejo Y a mí, a veces, me quedan asignaturas para Septiembre.

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