Cuando crecí

Me dijeron que los Reyes eran los padres.

Me enteré de que las personas a las que yo quería, tendrían que morir algún día.

Supe que el Ratoncito Pérez no era el que se llevaba los dientes que se caían.

Vi que los sueños no se cumplían cerrando fuertemente los ojos.

Comprendí que los amigos van y vienen.

Comprobé que las heridas dejan cicatrices que no se van.

Supe que a los mejores amigos también se les puede conocer a pedradas.

Conocí juegos que ya venían con trampas.

Descubrí que los deseos del cumpleaños no se cumplen aunque apagues todas las velas de un soplido.

Viví el desengaño de que no te crean a pesar de decir la verdad.

Supe que los padres no son tan superheroes.

Vi que, incluso las casas más bonitas por fuera son tristes por dentro.

Sufrí el querer pero no poder.

Empecé a leer cuentos en los que, al final, no eran felices ni comían perdices.

Entendí que, muchas veces, hay que luchar con algo más que una pistola de agua y una toalla.

Cuando crecí empecé a conocer lo que era la vida, esa situación que distaba tanto de lo que yo, hasta hace poco, conocía. Y descubrí que las personas a las que admiras no siempre tienen razón. Y que sentir duele. Y no sentir también. Y que de lo de querer ser grande ya no me parecía tan buena idea. Y que es mucho más divertido bañarse en la bañera con los juguetes que darse una ducha de cinco minutos. Y que el despertador sirve para algo. Y que hay que hacer cosas que no se quiere y no hacer cosas que se desean.

Y que crecer no es tan divertido, que mejor volver un poco atrás. O parar y quedarse así pero no se puede, así que toca seguir aunque nos parezca un timo. Y no hay hoja de reclamaciones. Ni nadie a quien quejarse porque esto no se parece a lo que nos habían contado. Ahora toca aprender a hacerse mayor pero no viejo Y a mí, a veces, me quedan asignaturas para Septiembre.

Puedes seguir a @martamj32 en Twitter

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7 comentarios en “Cuando crecí

  1. Que bonito y que real. Llevamos billete de ida en el tren de la vida. Que difícil es soltarse del bordillo de la piscina y saber que ésa seguridad, nunca volverá.

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