CARRETERAS INFINITAS

He conocido caminos que se cerraban antes de llegar a ellos y tenían un cartel de Prohibido pasar. Otros llenos de piedras, ramas y espinas, de esos difíciles y engañosos; esos que, cuando menos te lo esperas, te hacen sangrar 

O caminos de sol y arena, esos que me llevaron directa al mar; esos que me broncearon la piel, me acariciaron y me hicieron sentir sirena.

He seguido caminos sin brújula, mapa ni planes; con prisa y sin destino, sintiéndome capaz de desafiar cien huracanes.

Y caminos que acababan en abismo, los que hacen decidir si todo o nada, si cara o cruz, si salto o freno, si entrega o egoísmo.

También he recorrido autopistas de peaje caras, lisas y aburridas. Y carreteras de montaña frías, complicadas y a las que siempre busqué una salida.

Y, al final, me doy cuenta…son las personas las que hacen los caminos. Por eso, desde hace tiempo, quiero caminos con vida, personas con alma, con luz; de esas que, a poco que te lo permitas, te enseñan caminos nuevos, únicos, emocionantes y carreteras infinitas.

UNO MÁS

Una vela más en la tarta, un número que cambia al final. Trescientos sesenta y cinco días cumplidos y otros tantos que irán pasando para hacer este año real.

Son deseos cumplidos, otros por inventar, sorpresas inesperadas y momentos que siempre voy a recordar. Risas y canciones,sentimientos y personas, nudos en la garganta, reencuentros y emociones.

Caricias y tropiezos, soñar y tener que ver, asumir y desear, entender que lo que de verdad está no se puede perder.

Un año más en la vida, otro que queda atrás cumplido, un nuevo punto de partida. Un año que quiero llenar de palabras y sentimientos, de momentos y emociones, de sueños al abrir los ojos, de vivir lo que no creí, de risas y de canciones. De compartir y querer, de ir consiguiendo metas, de vivir y agradecer, no dejar de sorprenderme, de aprender y de nunca quedarme quieta.

Y quiero agradeceros el hacerme crear, el leer y compartir; el hacer sentir, el comentar, el emocionarme y que tenga sentido escribir 

Gracias a todos por estar.

LAS ESTRELLAS ESTÁN EN SU LUGAR

Hay cielos oscuros que amenazan tormenta. Cielos que arden, se desploman, dibujan arcoiris, dan forma a las nubes; cielos que, al tratar de rozarlos, queman.

Hay momentos de vivir sin cielo, sin refugio ni protección. Esos en los que la vida pasa y pesa, sin querer y sin poder, con ruido y sin música y haciendo inalcanzable el siguiente escalón. Esos en los que llamamos luz a una vela, futuro a dentro de un rato, vivir a seguir respirando, esperar a dejar de pedir y lo más a lo que podemos aspirar es a lo que siempre nos pareció barato 

Momentos que no cuentan ni contamos; de frío en agosto, de noches sin luna, de negro en el cielo, de sonrisa ninguna. De sueños que no cumplimos, de cumplir penas pendientes, de pagar las consecuencias, de no entender lo que sientes. De mirar siempre hacia el suelo, de no cuidar el presente, de no esperar ni querer, de frenar y apretar los dientes.

Y ocurre en un momento, sin aviso ni pistas, cuando ya casi todo vale. Aparece alguien que parece que ya estaba, que llega a tu vida y abre con llave. Que encaja sin fuerza, que ocupa su sitio, que reconforta, que sabe 

Alguien que te acaricia el pelo, que trae la calma y todo está bien, que te pone una sonrisa y te hace volver a sentir esos veintiún gramos de alma.

Alguien que hace que levantes la cabeza, mires al cielo y solo tengas que observar que ahora las estrellas están en su lugar 

Realidad

A veces da miedo o vértigo o, simplemente, acelera el corazón. O provoca una sonrisa o dos o mil y entra en tu vida a traición. Y te hace imaginar, sentir, desear, pensar que se puede, que no hay imposible, que está en nuestras manos. Que no es tan extraño, que parece que ya lo hemos soñado o puede que lo hayamos estado esperando durante años.

Y resulta que un día aparece eso que ya no imaginábamos. Eso que no entra en los planes, que nos rompe los esquemas; eso que no vemos como propio, eso que a otros ocurre y a nosotros nunca llega.

Eso que hace sentir de nuevo lo que teníamos olvidado o guardado en un rincón. Lo que emociona, estremece, hace volver a creer, eso que no necesita razón.

Y, sí, a veces da miedo pero más miedo da no vivirlo y no permitirse sentir. Eso sí deberíamos prohibirlo.

Porque hay que perseguir sueños pero, cuando el sueño es realidad, hay que acariciarlo, hay que cuidarlo y vivirlo. Hay que creer que es verdad.